“Abusan de ese castigo que es tan horrible”: inmigrante hondureño de 18 años cuenta lo que vivió en una celda de aislamiento de ICE

TAMOA CALZADILLA

Univision

“Cuando estás en el hueco no ves a nadie y nadie te ve”. A Gustavo Rodríguez Quintanilla le resulta difícil decir qué fue lo peor de pasar 20 días seguidos en una de las celdas de confinamiento solitario del centro de procesamiento de inmigrantes del condado de Otero, en Nuevo México.

Llega a la sala de visita sin esposas, porque hace un mes salió del castigo, se sienta en la ventanilla número siete, frente al vidrio grueso que separa a los interlocutores. Viste uniforme naranja, con bolsillo visible a la izquierda y mangas cortas. Trae consigo papeles, copias de noticias de Honduras y documentos sobre su caso. No tiene abogado. “Me voy a defender yo mismo porque creo que tengo un caso de asilo fuerte, yo fui perseguido como líder estudiantil en Honduras, no puedo volver”.

Él insiste en preparar una defensa y lo intenta en inglés, para practicar cuando esté frente al juez. Se juega la vida en esos minutos y ya no quiere recordar los días en que solo veía cuatro pequeñas paredes que se le venían encima, mientras pensaba, entre otras cosas “¿y ahora este castigo me va a afectar mi asilo?”.

“Pero usted me pregunta qué es lo peor… estuve 20 días en segregación, en un espacio reducido de ocho pies de largo y cuatro de ancho, con una cama, un retrete y una mesa, con una oportunidad de bañarnos o recreación a las 8 am espacio reducido… durante media hora podíamos jugar con un balón de goma… luego volver al encierrro. Solo”.

Tiene 18 años, se muerde los labios constantemente. Los tiene agrietados. “Debe ser por el frío que hace aquí… bueno también tengo mucha ansiedad y desorden del sueño”.

“¿Pero, lo peor lo peor? es que aquí abusan de ese castigo de encierrro solitario que es tan horrible, aquí por todo vas ‘al hueco’. Nosotros los latinos que nos saludamos, nos damos la mano, pues por eso te mandan al hueco, las reglas dicen que no puedes tocar a nadie pero nadie te lo dice. Hay muchas normas que nadie te dice y solo te enteras cuando te mandan ‘al hueco’. Es muy injusto, esa es una medida muy fuerte que no pueden estar tomando así a la ligera”.

Justamente esa es una de las críticas que hacen los expertos en derechos humanos y supervisores de las políticas de ICE que se desprenden de la investigación conjunta ‘Voces solitarias’ que coordinó El Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) con The intercept en la que participó Univision y cuatro medios más. La puede leer aquí

A la salida del castigo, Gustavo Rodríguez fue obligado a dormir en una zona donde duermen los que se portan peor “ello son ‘código rojo’ y a mí me pusieron ‘código naranja alto’, por supuesta peligrosidad. Yo que soy un tipo tranquilo, que defiendo los derechos de los demás y peleo contra el bullying y ahora vivo con ellos”. Al principio sintió pánico de compartir el lugar. “Además cuando sales de ese encierro quedas como raro, te cuesta volver a relacionarte con los demás, como que algo te afectó psicológicamente”.

Rodríguez había solicitado servicios religiosos y eso provocó la burla y agresiones de otros compañeros dentro de la instalación. Unos empujones y gritos provocaron su castigo, según cuenta. “Nunca averiguaron bien qué pasó ni quién tuvo la culpa. Te encierran y ya, no les importa nada”.

En el centro de procesamiento de Otero hay solo cuatro detenidos más que están recibiendo visita ese viernes por la tarde de mediados de abril. Las paredes están pintadas de color crema y las puertas son enormes y rojas. En el control de entrada advierten que no puede haber intercambio de papeles, lápices, caramelos. “Absolutamente nada”.

Al pasar, a la izquierda, hay una fila larga de taquillas, cada una con un asiento circular de lado y lado del vidrio. Los interlocutores deben acercarse a una rejilla metálica y circular en el centro de ese ventanal para escuchar mejor. Rodríguez responde con atención todas las preguntas, revisa sus papeles y cuenta que un juez determinó “miedo razonable”, sobre su caso de asilo. “Tengo esperanzas de que me aprueben”.

Su madre se llama Elmy Quintanilla y está en San Pedro Sula, Honduras. Vía telefónica cuenta que está muy preocupada “y espero que logre salir de eso, aquí él estaba metido en las protestas y se puso muy peligroso todo. Pero estoy muy preocupada por lo que le está pasando a mi único hijo, metido ahí”.

Un mes después de la visita a Rodríguez, y para el cierre de este reportaje, el optimismo de los Rodríguez recibió un golpe: “él está muy triste, lo van a deportar…”.

 

La respuesta de ICE

Consultados específicamente sobre el caso de Rodríguez Quintanilla, la Oficina de Inmigración y Aduanas (ICE) respondió por escrito “no podemos declarar sin un permiso firmado”, en el que el detenido autoriza ofrecer información a los medios de comunicación sobre su caso.

Explicaron además que ICE emitió una directiva titulada “Revisión del uso de la segregación para detenidos de ICE”, que requiere que la agencia informe, revise y supervise cada decisión de la instalación de colocar a los detenidos en viviendas segregadas por más de 14 días, y requiere la notificación y revisión inmediata si existen preocupaciones mayores basadas en la salud del detenido u otros factores.

Sobre la medida de encierro, señalaron que se trata de una forma de resguardar las instalaciones y seguridad de los funcionarios que trabajan dentro de los centros y de la población que espera por sus juicios allí adentro.

‘Solitary Voices’ es un proyecto periodístico coordinado por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación y The Intercept, en el que participaron: Univision y NBC (en Estados Unidos), Grupo SIN (República Dominicana), Mexicanos Contra la Corrupción (México) y Plaza Pública (Guatemala).

 

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