Cautivados pobladores con residencia reciclada en Valle de Sula

La fachada de la vivienda reciclada de dos plantas cautiva a quienes transitan por esa zona.

Luisa Agüero

En la carretera CA5, entre el municipio de Villanueva y Pimienta, una residencia rústica, elaborada a partir de material reciclado, cautiva la atención de quienes se desplazan por esa autopista hacia Tegucigalpa o de quienes transitan desde el centro hacia el  Valle de Sula. Es, una llamativa vivienda de dos plantas y dotada de todas las comodidades para sus inquilinos, la familia Díaz Ramos, integrada por la pareja y sus  dos hijos.

Doña Jenny Díaz fue la anfitriona perfecta para quienes, atraídos por el diseño, la buscaron para contar su historia pues su compañero de hogar, soldador experimentado, se encontraba en una jornada laboral fuera de su casa.

Los habitantes de esta vivienda tan peculiar la estrenaron desde febrero anterior

“Somos recicladores y, con nuestros propios esfuerzos, logramos adquirir una pequeña parcela en la colonia Nueva Esperanza, justamente  a la orilla de la autopista y ya con el terreno decidimos construir nuestra propia vivienda, por los altos costos de los materiales, tuvimos la idea de hacerla con materiales reutilizables para irle dando forma”, expresó doña Jenny en una charla que mantuvo con el reconocido villanovense Douglas Padilla.

 

El dormitorio es muy original.

Con el paso de los meses,  su idea fue tomando forma hasta lograr la casa  de dos plantas con un diseño muy original.  En cada detalle se aprecia la mano del jefe de la casa. Las ventanas con balcones tienen soleras y fueron trabajadas con respaldares de cama y  vidrios de campers de vehículos, las paredes son de rampas y  madera, los techos de lámina y, en el interior, todo luce tan bien distribuido que se puede observar la cocina, los muebles de sala, un desayunador y estantería, en su mayoría obtenidos en chatarrerías, señaló la dama. En la segunda planta se observa un cómodo dormitorio. Otros ventanales se hicieron con puertas de refrigerador regalados.

Las ventanas con balcones tienen soleras y fueron trabajadas con respaldares de cama.

El proceso ha sido lento y la construcción aún continúa para ir puliendo detalles hasta darle el toque final. No obstante, lo mejor de todo es el compromiso de esta humilde familia para cuidar el medio ambiente. “Utilizamos materiales que quizá otros no necesitan para darle forma a nuestro feliz hogar y vea, lo que no le sirve a unos es bendición para otros”, reflexiona. Si bien, la señora no detalló costos, logramos darnos cuenta que, en el material, habrían erogado de 15 a 50 lempiras.  Las otras fueron donaciones.

Doña Jenny se siente muy orgullosa de su residencia reciclada.

“Mi esposo siempre tuvo el deseo de una casa de dos pisos y así la comenzó a hacer y pudimos pasarnos desde el mes de febrero, fue paso a paso y con estas piezas desechables”, reiteró.  Cada una de las piezas ha sido elaborada con amor por el jefe de la casa y aprovechando su talento de soldador, manifiesta doña Jenny.

Los integrantes de esta humilde y emprendedora familia se unieron para perseguir un sueño que lograron cristalizar a través de su vivienda en un paraje muy accesible y cerca de todo.  Sus detalles seducen y el resultado ha sido espectacular.

Queda claro que la creatividad de esta pareja a la hora de construir esta casa no fue algo casual y se impuso a un volátil mercado donde una vivienda se aleja de las posibilidades de más de un millón de hondureños.  Todas estas ideas y la concepción de la originalidad  que tiene esta pareja han quedado patente en la construcción de su casa. El hecho de utilizar elementos preexistentes, de darles un nuevo uso pero manteniendo su espíritu, le da autenticidad al espacio. Son elementos con historia que conservan la fuerza de una  creación artesanal.

La cocina está acondicionada con todo lo básico.

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