Por: Elsa de Ramírez

Cientos o a caso miles de cuartillas se han escrito en torno al tema de la migración  en todas las lenguas, es decir, en todos los idiomas, porque su dimensión ha alcanzado los niveles de carácter mundial.

Los migrantes, son personas que se van al extranjero para trabajar, en busca de una mejor vida para ellos y su familia;  lo que los hace abandonar su  tierra natal.

En fin, los hay de diferente naturaleza, pero todos con un solo propósito, abandonar el solar nativo, porque no encuentran eco a sus aspiraciones en el mismo.

Este fenómeno se está tornando universal;  pero en los últimos tiempos se ha dimensionado en la región centroamericana y particularmente en el Norte, es decir: Honduras, El Salvador y Guatemala, rumbo a México, tratando de cruzar la frontera a través del río Bravo para llegar a los Estados Unidos en busca del anhelado sueño ahora convertido en pesadilla, pues antes migraban en grupos pequeños y ahora lo hacen masivamente.

Inclusive en medio del azaroso camino, encuentran la muerte, porque se han formado pandillas, maras y narcotraficantes  que pretenden utilizar a esta gente, y cuando estos no responden a sus llamados, entonces los sacrifican y el producto es la muerte trágica.

La situación es  desesperante, es un enorme problema, que llegó hasta los salones de las Naciones Unidas, Derechos Humanos, Acnur y todos los confines que tienen que ver con la seguridad humana, sin que hasta el momento se haya encontrado la fórmula para cambiar el panorama, mismo que día con día crece  y se vuelve insalvable.

Sin embargo, “La Declaración Universal de los Derechos Humanos en sus artículos 13 y 14 reivindica claramente el derecho de las personas a moverse libremente y a buscar refugio y asilo en casos extremos donde su vida corre peligro. Asimismo, diversos tratados internacionales, firmados y ratificados por casi todos los países del mundo, reconocen que el migrante es un sujeto de derechos y que no puede ser tratado de otra manera, sobre todo cuando se trata de situaciones vulnerables…”

Los periódicos nacionales informaron en los últimos días sobre la deportación de cientos de miles de hondureños indocumentados, desde el cono norte del hemisferio hasta nuestro suelo; esto nos da la pauta para saber que la inmigración hondureña es sencillamente grande, ahora integrada por familias completas, hombres y mujeres embarazadas, discapacitados, jóvenes y niños en su mayoría, salen huyendo de este país por la falta de oportunidades, inseguridad, desempleo, hambre, corrupción y otros factores que están agobiando a nuestra población.

En conferencia de prensa el presidente estadounidense señaló de criminales a los migrantes hondureños que momentáneamente están detenidos en la frontera mexicana, y que tienen por objetivo llegar a tierras estadounidenses.

Previamente alertó a la guardia fronteriza y el ejército por el avance de ellos, aludiendo este hecho como una emergencia nacional, lamentando el mandatario que los uniformados de México no puedan detener esta avalancha humana, enfatizando  que van entre ellos hasta criminales de Oriente Medio y pide a  la vez el cambio de las leyes sobre migración, acusando a Honduras, Guatemala y El Salvador de no hacer nada para evitar este conflicto.

Dicho lo anterior, estamos en desacuerdo con las expresiones del gobernante estadounidense, ya que nuestros hermanos catrachos en su inmensa mayoría son gente de bien, consagrada toda su vida al trabajo honesto, digno y redentor, mismo que harán sentir en tierras del tío Sam si logran su objetivo, destacando que ellos van con la mejor disposición “a trabajar de lo que sea” realizando hasta los trabajos más asquerosos y que los gringos aborrecen precisamente por la condición de tales, o sea que se convierten en sustitutos idóneos para mejorar las condiciones de vida de los nacidos legítimamente en esa nación.

El resultado favorable de este éxodo lo forman las remesas que constituyen una fuente de ingresos muy importante para el estado receptor y su población beneficiada, lo que influye positivamente sobre las variables macroeconómicas, manteniendo así la estabilidad financiera de nuestra  gente, la cual tiene la oportunidad de cubrir sus necesidades básicas y mejorar sus condiciones de vida (educación, salud, vestuario, compra de viviendas, pago de deudas y hasta la formación de pequeños negocios que van creciendo con el correr del tiempo, etc.)

 

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