Por Rafael Delgado Elvir
Economista. Catedrático universitario

El Presupuesto General de la República sigue su curso ascendente creciendo no solamente los ingresos que se perciben del ciudadano, sino también el endeudamiento y los gastos. La maquinaria de JOH insensible a las exigencias de transparencia, de focalizar los gastos y la inversión en los más necesitados, así como de utilizar los recursos con criterios estrictos de honradez, ha requerido año con año de más dinero. Para sus propósitos cuenta con todo un consejo de ministros siempre dispuesto a levantar la mano para aprobar lo que les pongan por delante y un Congreso Nacional que también sabrá sacarle provecho nuevamente a la coyuntura, aprobando un nuevo presupuesto a cambio de sus mezquinos intereses de campaña.

Es un hecho que los que gobiernan han logrado aumentar los ingresos a su disposición. Para el año 2013, recaudaron 56 mil millones de lempiras en impuestos. El año 2018, esa cifra aumentó a 104 mil millones de lempiras y el año 2019 esperan recaudar 108 mil millones. Esto significó que en el período en análisis los impuestos entregados al gobierno casi se duplicaron.

Pero no solamente han crecido los ingresos corrientes de la administración pública. Acompañado de esto ha venido también un permanente endeudamiento con la banca nacional e internacional. Los años electorales han sido claramente los períodos en que más se ha contraído deuda. En el 2013 fueron 46 mil millones de lempiras de nueva deuda y en el 2017 fueron 47 mil millones de lempiras adicionales que se sumaron a las nuevas obligaciones del Estado. De allí que después de andar en alrededor de 5 mil millones de dólares el monto de la deuda pública total en el 2013, para el año 2019, esta ya sobrepasó los 11 mil millones de dólares. Los cálculos para el 2018 indican que para ese año el servicio de la deuda ya absorbía el 32% de los ingresos tributarios anuales.

Las críticas sobre esto no tendrían que ser severas si esto fuera acompañado en primer lugar de un cambio en la manera en que se recaudan los ingresos y en el modo en que se gastan los recursos. Tampoco habría derecho a fuertes recriminaciones si el incremento en el presupuesto viniera acompañado por resultados evidentes en la reducción de los principales problemas del país. Lo han hecho los países en diferentes momentos: han recaudado fondos y se han endeudado para entregar a sus ciudadanos servicios de salud, educación y seguridad de calidad; han logrado con ello mitigar los graves efectos de las catástrofes naturales. Pero nada de lo anterior ha ocurrido en Honduras.

No son leyendas ni medias verdades. El gasto y la inversión pública corren detrás de las prioridades que dictan la improvisación, la conveniencia electorera y la corrupción. Está comprobado que con la inversión pública, con centenares de transacciones que efectúa el gobierno en la compra de bienes y servicios está la sombra del sobreprecio injustificado y de la coima. Allí están sobre la mesa las fraudulentas inversiones en el IHSS, ENEE, los contratos fraccionados de INSEP, el desvío ilegal de fondos de la SAG llamado Pandora, el saqueo en el despacho de la primera dama llamado Caja Chica.

Hay que iniciar de cero y formular un presupuesto que desde sus bases refleje prioridades nacionales auténticas. Para eso es necesario salir a un proceso de discusión y decisión donde participen técnicos libres de compromisos políticos, representantes de sectores legítimos. Necesitamos nuevos líderes sin un vergonzoso pasado ligado a la corrupción que convoquen a un proceso sin precedentes de concertación del presupuesto. Requerimos de una administración pública y de órganos de supervisión que se quiten la venda señalando la corrupción y el despilfarro desde sus inicios. Quizás por el momento es pedir mucho, pero es lo necesario.

<delgadoelvir@yahoo.com>

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