Doctor HORACIO ULISES BARRIOS SOLANO, Premio Nacional de Ciencia “JOSÉ CECILIO DEL VALLE”

[1]Twitter, JPMorgan, Amex…: el teletrabajo se extiende entre las grandes empresas”, en tal virtud mis ciberlectores deben de tener muy claro que esta pandemia indefectiblemente le dio vuelta al mundo en todos los aspectos, pero en esta ocasión solo nos detendremos en la materia laboral haciendo renacer el  teletrabajo que hoy llegó para quedarse, sin embargo, estefenómeno para mí en lo particular no es nada nuevo y lo ejecuto desde 1999.

Ésta fue una  idea  que  surgió  en  Estados  Unidos  en  1957;  sin  embargo,  conforme  a  evolucionado la tecnología se le ha enfocado principalmente  a  tareas  que  tienen  que  ver  con  el  tratamiento  de  la  in-formación y que pueden realizarse sin supervisión personal continua. Su origen etimológico procede de la unión de la palabra griega “tele” que significa lejos, y de “trabajo”  que  significa  realizar  una  acción  física o intelectual que requiere esfuerzo.

[2]Birgy Lorenz sacude la cabeza al recordar la derrota: el equipo estonio quedó quinto en las ciberolimpiadas que se celebraron en Málaga el pasado noviembre. No les falló la tecnología, sino la presentación. “Nos pasa siempre. Los estonios nos extendemos demasiado”. Ella no va a cometer el mismo error. Recorre a paso ligero los edificios del colegio público Pelgulinna en Tallin, donde es responsable de desarrollo de las tecnologías de la información (TIC) desde hace 17 años, y solo se detiene cuando le falta el aliento. “La cifra de alumnos, entre los 7 y los 18 años, es de 960 y somos un total de 65 profesores. Hay wifi en todas las instalaciones y, aunque sea hora de entrar en clase no oiréis el timbre, cada alumno debe ser responsable y llegar puntual. Enseñamos ciberseguridad, robótica y programación, tenemos un laboratorio de drones, utilizamos impresoras 3D y ahora estamos buscando financiación para las clases de realidad virtual y aumentada. Aquí no hacemos hincapié en las habilidades digitales porque ya forman parte de nuestra vida diaria y tampoco son lo más importante: nuestros pilares son las artes, el deporte y la tecnología”.

Ser un estado plenamente digital supone un ahorro a Estonia del 2% de su PIB anual en salarios y gastos: Todoterreno, además de su trabajo en este centro y de dirigir el equipo de “futuros cibertalentos” estonios, Lorenz da clases de seguridad digital en la Universidad de Tallin. “Mi misión consiste en vigilar que ni profesores ni alumnos hacen un uso excesivo de la tecnología. La llegada de las pantallas ha hecho que, como docentes, debamos ser más creativos. Competimos con ellas, así que hay que darle vueltas a la cabeza para despertar el interés de los chavales”. Por ejemplo, en los suelos de los pasillos del Pelgulinna han pintado rayuelas para que, entre clase y clase, los alumnos despeguen la nariz del móvil y se animen a jugar.

El pueblo de Aegviidu está a 45 minutos en tren desde la estación central de Tallin. Abandonar la capital, donde se concentran 450.000 habitantes, supone sumirse, en cuestión de minutos, en un paisaje solitario: Estonia tiene la extensión de los Países Bajos, pero mientras en el territorio holandés habitan 17 millones de personas, en el de la centenaria república báltica tan solo 1,3 millones. En el breve trayecto que separa la estación de tren de la casa de su vecina Maris Joona, Erica Ader enumera los servicios de esta población de 715 habitantes: escuela, iglesia, tienda de ultramarinos, gasolinera, biblioteca… “Esta última es importante porque ayuda a muchos mayores a quienes los trámites online se les hace cuesta arriba”, explica. El 88% de los estonios navega por Internet a diario y el 87% de la población entre los 16 y los 74 años se conecta al portal gubernamental. La brecha digital está superada.

Y en los planes de la presidenta, Kersti Kaljulaid la primera mujer en ocupar el cargo y, a sus 46 años, también la más joven, está también dejar atrás la que tradicionalmente ha separado al campo y la ciudad. En un par de décadas, creen, el trabajo en remoto permitirá que ya no haga falta mudarse a un centro urbano por motivos laborales. Y ese es un horizonte especialmente atractivo para los estonios. “Este lugar puede ser exasperantemente tranquilo. Pero esta es una forma de vida. Somos un pueblo al que nos gusta estar cerca de la naturaleza”. Traductora e intérprete-habla, además de estonio, ruso, inglés y finés, Ader ahora está semirretirada, y tan solo da clases de idiomas por Skype. Joona, que trabaja en el departamento de marketing de la oficina de turismo de Tallin, está de baja de maternidad y su casa desprende un delicioso olor a bollos de canela. Ambas nacieron en esta localidad y solo se ausentaron para estudiar en la universidad. Tenían claro que la practicidad no era suficiente para echar raíces en la ciudad. Y ahora, con Internet siempre activo y el teletrabajo abriéndose paso, las incomodidades rurales son menos. “Quizás por eso cada vez más gente de mi generación decide volver a sus pueblos”, dice Joona.

Erica Ader, de 46 años, retratada en Aegviidu, su pueblo natal. Manuel Vázquez  La libertad geográfica es otro de los conceptos revolucionarios que abandera Estonia. Si para muchos trabajos solo se necesitará banda ancha, ¿por qué siquiera vivir en este país cubierto en un 51% por bosque en lugar de en una cálida ciudad bañada por el mar Mediterráneo? Pero este es un objetivo que reservan para un futuro más lejano. En el inmediato, desgrana Siim Sikkut, jefe de información del Gobierno estonio, “estamos centrados en simplificar los trámites entre Administración y ciudadanos y emprendedores. Ahora mismo la mayoría de esas interacciones se realizan online: entras en la plataforma, rellenas unos datos y listo. Pero queremos automatizar y agrupar esos procesos. Ser más predictivos. Por ejemplo, si una empresa permite que nuestra agencia tributaria tenga acceso a su contabilidad, nunca tendríamos que pedirle las declaraciones correspondientes. Obtendríamos la información de la fuente original y un trabajador no tendría que introducir los datos en nuestro sistema. O, cuando nace un bebé, en lugar de que sus padres vayan a cinco sitios distintos en nuestro portal, podríamos enviarles un correo diciéndoles: ‘¡Enhorabuena y muchas gracias por el nuevo ciudadano/a! Sabemos que ha nacido tu bebé porque el hospital ha introducido su nombre en el registro de población. Completemos los siguientes trámites’. Así lo solucionaríamos en una sola tacada. A eso aspiramos ahora mismo, pero requiere un gran cambio en la forma de funcionamiento de una Administración”.

La iniciativa estrella es la residencia virtual. Estonia aspira a ser a los servicios digitales lo que suiza es a los servicios bancarios:Estonia ocupa el cuarto lugar en el ranking de los países menos habitados de Europa-le preceden Malta, Luxemburgo y Chipre. Y su población está en declive. Al menos, la física. Porque la digital no para de crecer. “La idea surgió en 2014. Entonces lo entendimos como un paso más en nuestro desarrollo tecnológico: ¿por qué limitar nuestros servicios a nuestros ciudadanos? Nos propusimos ser una sociedad sin fronteras y permitir a cualquier persona que fuera residente virtual de nuestra nación”, relata el director de esta iniciativa estrella, Kaspar Korjus, de 30 años, que recibe a las visitas ataviado con un elegante traje gris, corbata y zapatillas de andar por casa. “Es una costumbre muy de moda en las start-ups de aquí. Nosotros trabajamos para el Gobierno, pero también queremos ser cool”, bromea.

Cada semana se da de alta un mayor número de eresidents que niños nacen en los hospitales estonios. Ya superan los 30.000 y Estonia aspira a ser a los servicios digitales lo que Suiza es a los servicios bancarios. El documento de identidad digital trasnacional, que emite el Estado estonio al precio de 100 euros, no concede la nacionalidad, ni la residencia fiscal, ni permiso de entrada a Estonia o la Unión Europea. No es ni un visado ni un pasaporte. Es simplemente un instrumento creado para gestionar un negocio internacional de forma sencilla sin necesidad de pisar jamás Estonia. En estos momentos, los solicitantes proceden sobre todo de Turquía, Ucrania, el Reino Unido pos-Brexit, Japón y Corea del Sur. “Por ejemplo, el Gobierno surcoreano es un buen aliado porque entiende el valor de un programa como este que permite a sus ciudadanos exportar al mercado europeo y expandir su negocio. Además, Estonia es lo contrario a un paraíso fiscal: aquí todo es transparente porque toda operación deja un rastro digital”, precisa Korjus, que cierra los ojos para concentrarse en sus respuestas. Según Deloitte, en sus tres primeros años de existencia, la residencia electrónica ha reportado unos ingresos de 14,4 millones de euros para el erario estonio. Facebook tiene 2.000 millones de usuarios en todo el mundo y nos parece normal. Pero ni siquiera nos planteamos que una nación pueda tener la mentalidad de una empresa y aspirar a esos números. Si Estonia puede atraer a miles de millones de usuarios, el impacto en su economía será enorme”.

Ragnar Sass, emprendedor, CEO de Pipedrive y fundador del espacio Lift99. Manuel Vázquez

Enclavado entre la costa y la ciudad vieja, Kalamaja fue el barrio de pescadores de Tallin hasta finales del siglo XIX, cuando el ferrocarril conectó la capital estonia con la vecina San Petersburgo. A partir de entonces, se transformaría en una zona industrial y, con el tiempo, ese terreno de casitas de madera —donde vivían los obreros— y fábricas ofrecería el escenario perfecto para alojar el distrito hipster de la ciudad. No falta un detalle: ni las galerías, ni las tiendas de diseño y cosmética orgánica, ni los mercadillos de fin de semana, ni los bares que sirven frías cervezas artesanales. Tampoco las start-ups.

“Europa del Este es muy distinta a Silicon Valley, pero tenemos algo en común: profesionales técnicos muy preparados” En 2003 nació aquí Skype, la compañía que revolucionó las llamadas gratuitas por Internet y que en 2011 Microsoft compró por 8.500 millones de dólares. Los fundadores son el sueco Niklas Zennström y el danés Janus Friis, pero el soft­ware lo desarrollaron ingenieros estonios y la compañía todavía mantiene en Tallin una de sus principales oficinas. Skype forma parte del orgullo nacional. “Generó un gran cambio de mentalidad. Después de Skype, muchos se animaron a estudiar carreras técnicas y lanzarse a emprender”, relata Ragnar Sass. Él fundó en 2007 United Dogs and Cats, un facebook para perros y gatos. La historia de su hundimiento salió en las noticias. “Fue uno de los primeros fracasos públicos de un emprendedor”. Después probó suerte con Pipedrive, una compañía que comercializa un software de gestión de ventas para pequeñas y medianas empresas. A la segunda triunfó. Y ahora, a sus 42 años, divide su tiempo entre aeropuertos y Lift99, un espacio de coworking que fundó en 2016. “Hay que crear tejido y ayudar a que haya más empresas de éxito. Europa del Este es muy distinta a Silicon Valley, pero tenemos algo en común: un gran sistema educativo del que salen profesionales técnicos muy preparados”. Mientras Sass se extiende sobre el presente y futuro del ecosistema emprendedor estonio, a su lado, dormita su perro Riki. De fondo, una martilleante banda sonora: ya han empezado las obras para ampliar este espacio de grandes ventanales y salas diseñadas para seducir a su cosmopolita comunidad. Y a Instagram. Todas las fotogénicas estancias están bautizadas en honor a personajes de fama internacional (y con esta premisa, los estonios quedaban descartados: hagan el ejercicio, busquen un futbolista, director de cine, empresario o celebridad oriundo del país báltico) con alguna, por leve que sea, relación con el país: el periodista británico Edward Lucas, que fue el primer residente virtual de Estonia; Ernest Hemingway, que una vez dijo “ninguna dársena para yates está completa sin, al menos, dos estonios”; Chaikovski, porque el compositor ruso tuvo una casa de veraneo en Estonia, o Rodríguez, el cantante protagonista del oscarizado documental Searching for Sugar Man, que en una de sus canciones menciona a un arcángel estonio. A Obama, que confesó: “Tendría que haber llamado a los estonios cuando montamos nuestra web sanitaria”, le han reservado un pequeño cubículo destinado a hablar por teléfono. “Ahora viajo por todos los continentes y muchas veces ya directamente saludo diciendo hola, soy del país de Skype”, relata Sass. “Espero que, dentro de poco, también podamos decir que somos del país de Taxify [un Uber local] o de cualquier otra empresa. Estonia está encontrando su lugar en el mundo”.


[1] Empresas CLARA RUIZ DE GAUNA Nueva York 31 MAY. 2020

[2] https://elpais.com/elpais/2018/04/05/eps/1522927807_984041.html

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