Por Rafael Delgado Elvir
Economista. Catedrático universitario

La política exterior norteamericana, utilizando sus poderosos mecanismos de coerción, impuso a los débiles y corruptos gobiernos de la región centroamericana la obligación de aplicar desde aquí las medidas necesarias para frenar la migración de sus ciudadanos hacia el norte. Un sistema de barreras legales ha sido construido y va deteniendo en cada país la corriente, esperando desanimar a los que huyen. Frente a la exigencia de EUA de construir este sistema habían dos opciones para los gobiernos centroamericanos: lo hacían a cambio de quedar como fieles servidores, o se negaban a hacerlo y quedaban expuestos a las reacciones del gobierno norteamericano que conoce con precisión dónde le duele a las camarillas corruptas gobernando. Bajo estas condiciones, donde la contraparte es sumamente vulnerable, no debió ser difícil para los funcionarios norteamericanos armar el paquete deseado.

Esas nuevas dificultades que se encontrarán los migrantes en el camino hacia el norte y que son ejecutadas con medios policiales y militares por los gobiernos de la región son reales. Hasta ahora han resultado efectivas en el sentido que imponen más consideraciones para tomar la decisión frente a un camino lleno de dificultades; disuaden por el miedo a terminar en manos de alguna autoridad que procederá con fuerza a la detención y la repatriación. Es de esperarse por tanto que con las nuevas instrucciones a los gobiernos de la región todo el fenómeno migratorio se volverá más violento.

Pero difícilmente esto podrá detener un fenómeno regional que básicamente se explica por el fracaso de nuestros países en brindar condiciones medianamente aceptables para la mayoría de la población. No hay tal conspiración de alguna fuerza política para hacer quedar mal al régimen nacionalista, ni ninguna campaña invitando a los decepcionados hondureños a tomar ese terrible camino de la migración irregular. Recordemos que el ingreso promedio de un hondureño trabajador son apenas L.6,200 mensuales y en el caso que solamente una persona en el hogar trabaja, con esto no puede cubrir las necesidades básicas para todos. Recordemos además los altos grados de desempleo en sus formas también de subempleo que todo unido dibuja un mercado laboral sumamente débil con muchísimas personas trabajando por ratos, otros trabajando jornadas completas sin ganar ni el mínimo legal y otros completamente desocupados. A eso hay que agregar el miedo presente en millones de hogares hondureños que han vivido la violencia en sus barrios y en las calles muy de cerca. Los grupos criminales, el narcotráfico, la corrupción y en general la descomposición social ha llevado luto a miles de hondureños.

Estos son datos muy conocidos y que cualquiera persona medianamente conocedora de la situación nacional sabrá de memoria repetir. Pero lo que algunos no entienden es la desesperanza que esta situación produce en los que padecen estos males. Cuando quienes lo viven, perciben que esto es una situación que no cambiará, que no está tampoco en sus manos cambiarlo y que tampoco desde las autoridades en el presente ni en el futuro, podrán venir decisiones que ayuden, es precisamente cuando las esperanzas se pierden y se toma la decisión de migrar cueste lo que cueste, pese a cualquier indigno trato de las autoridades, sin importar los enormes riesgos del camino.

No hay que olvidar además que ya viven en Estados Unidos más de 1 millón de hondureños. Muchos de ellos llegaron igualmente por la vía difícil de la migración irregular. Desde allá se convierten en valiosos contactos que sirven a su vez para atraer más hondureños. Los que están aquí ven en sus amigos y parientes que partieron, el ejemplo a seguir para salir de la pobreza y el miedo. En resumidas cuentas, estamos ante un fenómeno de hondas raíces y que busca pararse por medios que no servirán más que para ahondar más la desesperanza de los que desean algo mejor.

 410 total views,  2 views today

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here