Reportar sin miedo

Colectivos LGBTIQ+ acudieron al entierro de la activista trans hondureña asesinada el lunes. La policía investiga el crimen y las organizaciones piden resguardar la vida de lxs testigxs protegidxs 

Texto: Dunia Orellana︱Edición: Dennis Arita︱Imágenes: Amílcar Cárcamo y Luis Vallecillo 

Tegucigalpa, Honduras. Bajo el cielo nublado de Tegucigalpa, la tumba de la líder trans Thalía Rodríguez en el cementerio Santa Cruz Memorial está a unos pocos metros de la de su madre, Reina. Las dos murieron con una semana de diferencia. Pero, mientras la muerte de su progenitora fue natural, la de Thalía se debió a un horrendo asesinato cometido a sangre fría el 10 de enero por hombres que no han sido capturados.

Thalía tenía una semana de haber visto a su madre morir en la colonia Smith, en Tegucigalpa, cuando, el 10 de enero de 2022, dos asesinos entraron a su casa en las faldas del cerro Juana Laínez y la mataron de un tiro en la cabeza.

Docenas de personas, entre amigos, parientes y compañerxs de lucha de Thalía Rodríguez, llegaron al entierro de la activista.

«La pérdida de Thalía no solo es la primera LGBTI del 2022. Thalía estaba sufriendo por la muerte de la mamá», dijo a Reportar sin Miedo la integrante de la Red Lésbica Cattrachas, Seidy Irías. 

Irónicamente, solo unas semanas antes, Thalía había dicho en una de sus últimas entrevistas para Reportar sin Miedo: «Soy una de las pocas que han sobrevivido. He perdido a la mayoría de mis amigos en el camino, y he tenido que enterrarlos».

«El día que tú faltes van a hablar de ti porque dejaste un legado. Y esa es una de las cosas más lindas que todos buscamos en esta vida», había dicho Thalía en un reportaje financiado por la Fundación Internacional de las Mujeres en los Medios (IWMF por sus siglas en inglés) y publicado en Reportar Sin MiedoEn Altavoz y Reporteros de Investigación. 

Parientes y amigxs velaron el cuerpo de Thalía en Tegucigalpa.

Como Seidy, al Santa Cruz Memorial, en la salida de Tegucigalpa, llegaron desde las tres de la tarde docenas de miembrxs de la comunidad diversa hondureña en diversos medios de transporte para acompañar en su dolor a lxs familiares y amigxs de Thalía.

«Pasó año nuevo en la casa de mamá y la vio fallecer. Se nos fue una persona muy querida, una gran persona», agregó Seidy ante el ataúd con los restos de Thalía Rodríguez. 

Alrededor de Seidy se reunieron miembrxs de reconocidas asociaciones LGBTIQ+ (Muñecas de Arcoíris, Arcoiris, Kulkulcán, Colectivo Violeta, Cozumel Trans y Movimiento Diversidad en Resistencia, entre otras) para despedirse de Thalía, originaria de Olancho, en el oriente del país, y residente desde los dos años de edad en Tegucigalpa. 

Thalía Rodríguez en su casa en Tegucigalpa cuando dio una de sus últimas entrevistas para Reportar sin Miedo e IWMF.

La amiga de Thalía desde hace 23 años, Safiro, viajó desde el sur de Honduras para asistir al sepelio. «Me fastidia», dijo. «Jamás pensé que moriría así porque Thalía era motivación pura. Luchó por casi 20 años con el VIH y nunca se derrumbó y quitarle la vida de esta forma es injusto». 

Mientras hermanas, hermanos y sobrinas de Thalía llegaron al Santa Cruz a despedirse de ella por última vez, las y los integrantes de los colectivos diversos de Honduras manifestaron su dolor por la pérdida de Thalía, a quien recordaron como una «persona querida», «una gran persona» y una mujer «llena de alegría». 

Aunque a su familia les costaba entender la identidad de género, la querían como era y sus familiares alzaron la voz durante el sepelio para exigir justicia por el asesinato de la reconocida activista trans hondureña. «No queremos impunidad», afirmaron. 

Una mujer elevaba oraciones en voz alta bajo el calor de la tarde mientras los y las familiares de Thalía no se despegaban del ataúd. Sin dejar de llorar, corearon la canción No llores por mí, del grupo musical Tercer Cielo. 

Parientes y miembrxs de la comunidad diversa cubrieron el ataúd de Thalía con la bandera LGBTIQ+.

Tras entonar los versos de la canción que hablan del deseo de estar en un mejor lugar para descansar, lxs silenciosxs asistentes al sepelio, con los rostros tristes, cubrieron el ataúd de Thalía con la bandera de la comunidad trans.

En sus intervenciones, lxs intregrantes de los colectivos diversos presentes en el entierro destacaron la lucha y trayectoria en derechos humanos de Thalía Rodríguez y alabaron su lucha en favor de la igualdad de derechos de la comunidad LGBTIQ+.

«No tengo palabras, me siento quebrada», dijo Seidy Irías. «Thalía era alegría. Era conocida por la colonia. Como mi amiga, me duele verla». Por su parte, JLo Córdova de Muñecas de Arcoíris, manifestó que Thalía será recordada por su calidad humana y hacer la diferencia en los colectivos LGBTIQ+.

Una de las pocas sobrevivientes de la generación de Thalía habló de la activista trans asesinada y de otras de sus amigas que corren constante peligro y a pesar de todo mantienen arriba la bandera de lucha. «Perdimos una generación», dijo Safiro. 

Junto con Carola, Thalía, Celia y Biby, Safiro formaba lo que ella llama «el clan de las cinco entre los 45 y 55 años». Pero, tras la muerte de Thalía, «solo quedan cuatro», agregó Safiro, quien es profesora de inglés en el sur de Honduras.

Para Safiro, Thalía «lo supera todo, ella era un personaje». Era una mujer que regalaba motivación y alegría, «era una explosión de autoestima elevada». 

No quieren otro crimen impune 

Medios internacionales y publicaciones especializadas como @pictoline se unen al clamor internacional para pedir #JusticiaParaThalia #Honduras #LGBTI @CATTRACHAS pic.twitter.com/y2TAMoXqFp— ReportarSinMiedo (@ReportarsinMied) January 12, 2022

Safiro y sus amigas son una excepción en Honduras, donde la mayoría de las mujeres trans mueren a los 35 años de edad. Thalía había vivido diez años más que el promedio, pero la lucha de los colectivos LGBTIQ+ es que ese promedio sea parte del pasado.

Pero para que eso suceda es necesario que la impunidad no siga siendo de más del 90% en los asesinatos contra la población diversa de Honduras. Los colectivos piden a gritos la captura de los asesinos de las 402 personas diversas muertas violentamente desde 2009, año del asesinato de la activista trans Vicky Hernández.

«Esperamos la investigación de la DPI [Dirección Policial de Investigación]», dijo la integrante de Cattrachas, Seidy Irías, respecto al caso de Thalía Rodríguez. «Estamos esperando que protejan a las personas que fueron testigas y testigos del crimen», agregó.

Cattrachas ha identificado un preocupante patrón en los asesinatos de mujeres trans cometidos en Honduras desde 2017. Esas muertes violentas, dijo, suceden desde ese año en la casa de las víctimas. 

Una de las causas de ese patrón es el empeoramiento de la violencia desde el 2009, año del golpe de Estado que derrocó a Manuel Zelaya, esposo de la actual presidenta Xiomara Castro, para imponer un gobierno de facto.

«Después del 2009, cualquiera podía matarnos», afirmó Cattrachas. «El mensaje que dejó el golpe de Estado es que los cuerpos de las personas LGBTIQ+ no valían nada, que nadie los investigaba».

De ese modo, después de 2009, la población diversa en Honduras quedó desprotegida, asegura Seidy. «Las mujeres trans también sufren violencia en sus hogares», como le sucedió a Thalía.

Aunque la condena contra el Estado de Honduras por la activista trans Vicky Hernández exige reparos y creación de leyes que protejan a la población diversa, hasta ahora el gobierno de Juan Orlando Hernández no se ha preocupado por cumplir la sentencia. 

Los colectivos LGBTIQ+ exigieron justicia durante el entierro de la líder trans Thalía Rodríguez.

Por el contrario, el propio presidente Hernández calificó como «enemigos de la independencia» a los colectivos LGBTIQ+ del país. La elección de Xiomara Castro como presidenta en las elecciones de noviembre de 2021 dejó un sabor de esperanza en los grupos de la diversidad sexual hondureña. Con ella se acaban 12 años de gobierno nacionalista opacado por escándalos y discriminación. 

Por eso, las organizaciones esperan que Castro ayude a que el crimen contra Thalía  no quede impune como casi todos los 402 cometidos desde 2009. 

«Thalía salió de la calle, venció la pobreza y sobrevivía a diario con VIH», dijo Seidy. «Aún así, el Estado no la protegió. Lo que pedimos es justicia». 

A este llamado se unieron organizaciones nacionales e internacionales, así como los gobiernos de Estados Unidos y Canadá, Unión Europea, Oacnudh, Robert F. Kennedy Human Rights Watch y USAID, entre muchos más.

«Me horrorizan los asesinatos de destacados defensores de #DDHH en Honduras: Thalía Rodríguez, defensora del colectivo LGBTQI+ y Pablo Hernández, líder indígena lenca. Pedimos justicia pronta e imparcial. Por el bien de los hondureños, estos ataques contra activistas deben parar», dijo la administradora de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), Samantha Power. 

Me horrorizan los asesinatos de destacados defensores de #DDHH en Honduras: Thalía Rodríguez, defensora del colectivo LGBTQI+ y Pablo Hernández, líder indígena lenca. Pedimos justicia pronta e imparcial. Por el bien de los hondureños, estos ataques contra activistas deben parar. https://t.co/QGppn6cYuj— U.S. Embassy Tegucigalpa (@usembassyhn) January 12, 2022

Por su parte, la Oficina en Honduras del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (Oacnudh), expresó en un comunicado: «El Estado hondureño debe garantizar la verdad, justicia y reparación por este crimen y adoptar las medidas necesarias para propiciar entornos seguros para la defensa y promoción de los derechos humanos, en especial de las personas en mayor situación de vulnerabilidad».

📢 COMUNICADO | #OACNUDH condena el asesinato de Thalía Rodríguez, defensora trans de #derechoshumanos.

👉Completo aquí: https://t.co/A4LKqwMKrf pic.twitter.com/upNmcB3SpO— OACNUDH Honduras (@OACNUDHHN) January 12, 2022

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