Hace algún tiempo escribí un artículo en este rotativo relacionado con el uso de la pólvora durante las fiestas de navidad y año nuevo.  En esa oportunidad alguien personalmente me dijo _ Navidad sin pólvora no es Navidad_.Pues bien, el 24 de diciembre a la medianoche la casa retumbó, ya que, durante una hora, algunos vecinos, de repente jóvenes se dieron a la tarea de venir a reventar morteros sabrá Dios de que tamaño, porque parecía que estábamos en guerra, debido al estruendo que producían, sin importarles que en esta colonia hay ancianos, niños y personas delicadas de salud. Esto sucedió en el pasaje peatonal ubicado entre los Bloques 9 y 10 de la Colonia San Ángel en Tegucigalpa; este sufrimiento también lo reciben los canes, ya que según estudios ellos tienen aumentado el sistema auditivo.

Mi pregunta es, de dónde salió tanta pólvora… Y las prohibiciones de las autoridades edilicias que publican en los periódicos sendos comunicados prohibiendo la compra y uso de estos artefactos ahora convertidos en instrumentos de la muerte, porque además de causar daños imperecederos en los cuerpos de algunos infantes, provocan también tristeza, dolor y amargura, ya que esta pólvora incendiaria cae en algunos techos de las casas de algunas familias de escasos recursos económicos, provocando más miseria de la que viven durante el año.

Todo esto conlleva a que muchos niños pierdan parte de sus extremidades.  Luego los desalmados en estado de ebriedad aprovechan tal situación para disparar sus armas, además de pistolas, carabinas o fusiles, poniendo en vilo la vida de los seres humanos por las mortales balas perdidas.

En países verdaderamente civilizados esta mala costumbre o tradición nociva y cruel esta totalmente prohibida, utilizando otro tipo de juegos artificiales que alegran y no perjudican a los habitantes de esos países.

Elsa de Ramírez

Tegucigalpa, M.D.C.

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