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El caso de corrupción nombrado por la Misión de Apoyo Contra la Corrupción en Honduras (MACCIH) como Pandora, se desarrolló, fundamentalmente, en el año 2013, en pleno contexto electoral. Las elecciones generales de 2013 fueron las primeras en las que participaron fuerzas políticas competitivas diferentes al bipartidismo tradicional, Partido Nacional y Partido Liberal, como ser el Partido Libertad y Refundación (LIBRE) y el Partido Anticorrupción (PAC).

Esta reconfiguración del sistema de partidos políticos, como consecuencia del golpe de Estado del 28 de junio de 2009, quedó evidenciada en los resultados de las elecciones generales de noviembre de 2013. El domingo 24 de noviembre de ese año, se celebró el décimo proceso electoral, después de más de tres décadas de la llamada “transición política a la democracia”. El bipartidismo tradicional salió muy erosionado, pero con vida, de esas elecciones. Los partidos Nacional y Liberal, juntos, en más de tres décadas de procesos electorales continuos, siempre habían retenido un alto porcentaje de los votos. En las elecciones generales de noviembre de 2009 obtuvieron un 94.60 % de los votos válidos. Sin embargo, en las elecciones de 2013, solo retuvieron un 57.19 %. Es decir, su caudal electoral se redujo en un 37.41 %, una reducción significativa si se toma en cuenta la cultura política bipartidista de la sociedad hondureña2.

Era la vez primera que el bipartidismo Liberal-Nacional se enfrentaba a la posibilidad de perder el control del Estado. El Partido Nacional sólo pudo contener el triunfo de Xiomara Castro, del partido Libertad y Refundación (LIBRE), a costa de la compra de votos, como no se había observado antes y de una campaña política electoral millonaria. El Centro de Documentación de Honduras (CEDOH), elaboró una investigación a través de una encuesta sobre compra de votos. Los resultados reflejaron que un promedio de 10.2 % de los entrevistados habían vendido su voto y, al menos, un 49 % de los encuestados aseguraron haber sido testigos de dichas prácticas en sus comunidades y su entorno social3.

Los datos indican que fue el Partido Nacional (oficialismo), la fuerza política que más utilizó la práctica de la compra de votos. Los resultados del estudio en mención indicaron que al menos un 18 % de los ciudadanos (as) que votaron a favor del candidato Juan Orlando Hernández, reconocieron haber vendido su voto. El estudio concluye o indica que el perfil estimado del votante que vendió su voto es el de un ciudadano de bajos ingresos, con educación primaria o sin ella, habitante de las zonas rurales, generalmente mayor de 50 años, aislado casi de la infraestructura institucional del Estado, pero vinculado siempre con las redes de organización partidaria.

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