Radio Progreso

En agosto siempre aparece la broma de los aguacateros, no por la cantidad de personas que nacen en este mes, sino por la cosecha generosa de aguacates en los territorios. Con frecuencia es tanta la abundancia que los aguacates muchas veces se pierden, porque no tenemos capacidad de consumirlos y no tenemos conocimientos para procesarlos.

Pero la abundancia y la pérdida no solo es de aguacates, pasa con muchas frutas de temporada: los mangos, naranjas agrias, con los limones, zapotes, con urracos, guayabas, tamarindos, nances o el icaco, fruta típica de nuestras comunidades garífunas. Parece que no importa que se pierda una fruta porque ya viene la cosecha de la otra.

Este maravilloso regalo está relacionado con nuestro clima, la constante lluvia y calor hace el clima perfecto para tanta generosidad de la tierra, pero es una oportunidad que muy poco sabemos aprovechar. Mientras en otros países donde apenas tienen una temporada del sol en el año para la producción, aprovechan toda la cosecha, desde rastrojos para hacer alimentos para los animales hasta la deshidratación de frutas para cubrir toda la temporada de invierno.

En Honduras necesitamos aprender a deshidratar y procesar frutas y verduras. La soberanía alimentaria pasa por crear cultura de aprovechamiento de todo lo que producimos y que actualmente la perdemos por falta de conocimiento, por comodidad, falta de iniciativas y de inversión pública en las comunidades.

Históricamente nos hemos caracterizado por ser productores de materias primas, pero sin capacidad para procesarlas y comerciarlas. En las últimas décadas por los coyotes, la ausencia del estado en el agro y el Tratado de Libre Comercio hundieron a los productores y nos convirtieron en un país de consumidores. Según datos del FOSDEH de 2007 a 2020, en la era de Libre Comercio, Honduras importó 5,996 millones de dólares. De ese monto, 627 millones de dólares corresponde a las importaciones de frutas, mientras que 3,400 millones de dólares corresponden a importaciones de cereales incluidos maíz, arroz, frijoles y sorgo. Queda muy lejos aquellos años cuando fuimos el granero de Centroamérica.

Llevamos tres décadas continuas de abandono del campo y de alimentar desmedidamente a los tiburones de la agroindustria, es momento de refundar el aparato productivo del país. Y para ello, debemos entender que la refundación pasa por desarrollar políticas públicas para aumentar la producción agraria, inversión para procesar esa producción y mejorar los mecanismos de comercialización. Hay tantas experiencias en países del caribe, Suramérica o Europa donde podemos aprender en esta materia. Es hora superar el miedo al garrote y de ver más allá de la zanahoria del norte.

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