Radio Progreso

Cuando no tenemos respuesta, culpamos a la familia. Si un muchacho se mete a la mara, es culpa de la familia. Si una jovencita salió tempranamente embarazada, es culpa de la familia. Si un muchacho es reprobado constantemente en sus estudios, es culpa de la familia. Si la muchacha o el muchacho resultan violentos o se drogan, es culpa finalmente de la familia.

¿Y las estructuras de poder, qué? ¿Y los poderes económicos, qué? ¿Y los que controlan negocios subterráneos, qué? ¿Y quienes sostienen el modelo de exclusión de la juventud, qué? ¿Y los responsables del desempleo, y de la migración, y de la pobreza, qué? ¿Y los que se dedican a saquear los bienes públicos, qué?

La misma familia ha sido arrasada por la voracidad del capital que no respeta culturas, creencias, tradiciones ni identidades. Y esta voracidad no respeta límites, ya no solo pone el capital y los negocios por encima de la persona, sino que los políticos y funcionarios usan el Estado como negocio o para hacer negocios.

De aquel tradicional núcleo familiar hemos pasado a la familia que se define por la dispersión y desde la diáspora. Y desde la dispersión se definen hoy día las lealtades familiares. En el núcleo familiar tradicional, las fidelidades se definen primordialmente por el apego al hogar, al calor incluso físico de la casa. Aunque todavía existe un resto importante de ese núcleo tradicional, cada vez más la fidelidad familiar se va definiendo desde la dispersión y la diáspora.

¿Cómo se planta la familia en un mundo transnacionalizado, cuando ni los mismos países ya no son los mismos? Esa concepción de Estado Nacional va siendo sustituida por un “Estado globalizado”. Términos tradicionales como autonomías, soberanías, nación, se encuentran constantemente remitidos a las dinámicas económicas, comerciales y jurídicas internacionales.

El asunto de fondo no se resuelve echándole la culpa a la familia por los cambios que se van dando en la sociedad y en las personas que conforman la sociedad. Tampoco se resuelve añorando el pasado, o metiendo moldes del pasado a un presente inviable. El asunto de fondo está en buscar respuestas de familia en las nuevas condiciones de movilidad humana, de desarrollo tecnológico, de transnacionalización de los valores nacionales. Cómo ser familia, y buena y honrada familia en la dispersión, en la diáspora.

La familia ya no puede ser la misma de siempre. Grave error tratar la familia con los mismos moldes tradicionales, puesto que los mismos están damnificados y rotos. Quizás perdamos el tiempo queriéndolos recuperar en los profundos mares del pasado. Quizás es el tiempo y la oportunidad para construir los nuevos moldes.

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