Foto: El Heraldo

Radio Progreso

Las próximas elecciones podrían considerarse las más importantes en la historia reciente del país porque determinarán la continuidad de la narcodictadura o un primer pequeño paso en la recuperación del Estado y la construcción democrática.

Por eso no es de extrañar que el ambiente, que debería de ser el de una fiesta cívica, es, en cambio, de hartazgo, desconfianza, miedo e incertidumbre debido a que las heridas del golpe de Estado y del fraude electoral siguen abiertas.

Y la mayoría de instituciones controladas por el régimen representan una amenaza para el ejercicio de los derechos políticos y del derecho a la protesta pacífica en defensa de la democracia como en los años 2009 y 2017.

La sociedad hondureña únicamente aspira a tener un proceso electoral confiable y transparente, que garantice que los resultados electorales sean coherentes con la voluntad popular.

Por ello, las misiones de observación electoral de carácter internacional juegan un papel fundamental en la promoción de la transparencia del proceso, de la confianza ciudadana y en evitar el fraude electoral.

Pero para eso se requiere que tales misiones sean realmente independientes, profesionales, coherentes y evitar el doble rasero. Hacemos un llamado especial a la Misión de Observación Electoral de la Unión Europea para que repare su lamentable papel en las elecciones de 2017 y demuestre coherencia con el fomento de los derechos humanos y la democracia.

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