No obstante el descalabro institucional y las reducidas mentes de un grupo de políticos, la vida en nuestra Honduras se sigue abriendo, y más de un millón setecientos mil votos identifican a doña Xiomara Castro como símbolo de la democracia y de la paz.

Un grupo de políticos que ha interpuesto sus ambiciones particulares y sus ansias de poder, ha expuesto mundialmente a nuestro país como la nación inviable, confirmando así la decisión de inversionistas y turistas de evitar acercarse a Honduras porque representa una amenaza.

La existencia de políticos maltrechos, confeccionados al gusto y antojo de sus ambiciones personales, es cierta. Y dar vueltas y revolver esa realidad, no resuelve nada, solo revuelve olores y ambientes nauseabundos, que nos va dejando ya el calificativo nada agradable ante el mundo como el país del estercolero.

Todo lo de los políticos de letrina es una realidad. Pero esa no es ni puede ser la realidad que nos identifica como pueblo hondureño. Somos ante todo un pueblo con una carga infinita de paciencia, y con una enorme capacidad para resolver conflictos, mayoritariamente por la vía de la tolerancia y de la concordia.

Los políticos hicieron del Estado y del país un botín que se lo reparten sin importar la miseria en la que se arrastran millones de personas; y usaron el Estado para hacer negocios sucios y turbios, y controlan el sistema de justicia y el Congreso Nacional para legalizar sus fechorías. Y esto se fue convirtiendo en estructura criminal a lo largo de décadas.

En cualquier parte del mundo se podría esperar que la gente mayoritariamente reaccionara con violencia y convulsiones. Para las elecciones últimas, hubo miedo y se recordaba el ambiente violento tras el fraude electoral de 2017. Y hubo levantamiento y movilización de masas. Pero nada que ver con la violencia o el caos.

La gente se levantó de sus asientos y se movilizó de sus casas hacia las urnas electorales. No hubo necesidad de armas para enfrentar la dictadura y a los criminales. La gente hizo acopio del poder de su voto, y por millones hizo sentir su decisión por la paz y la concordia. Esa ha sido la gran lección, y nos ha dejado a una mujer y un gobierno que simboliza esa democracia y paz por la que la gente se ha inclinado.

La vía pacífica es el camino, y la sensatez es el talante hondureño. Un puñado de políticos con mentes atrofiadas no podrá imponer su voluntad perversa, porque aquí hay un pueblo que en cualquier circunstancia defenderá su voto y su voluntad de ser gobernado por una mujer. 

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