Por Rafael Delgado Elvir
Economista. catedrático universitario

Los que gobiernan este país llegaron hasta allí caminando sobre todo lo que se atravesaba. Podemos afirmar que en ese nefasto afán de lograr el poder por cualquier medio, continuaron con la destrucción de las instituciones del país. JOH y su gente se llevaron de encuentro una vez más la Constitución Política del país al postularse ilegalmente. Hoy tenemos a alguien que dice ser el Presidente de los hondureños en abierta violación de la Carta Magna. Pero no les bastó eso. La precaria candidatura tenía que caminar sobre la voluntad popular para lograr sus fines. Por eso montaron un fraude electoral que en una noche, cambiaron una clara tendencia imposible de revertir. Pero hay más. El dinero de las instituciones públicas para financiar las campañas parece que no fue suficiente; todo indica que también la narcoactividad fue determinante en el carnaval de las últimas campañas políticas.

Estamos ante un poder político con nula legitimidad y que en cualquier otro rincón de la tierra donde las leyes medianamente funcionan hubiera fracasado desde sus orígenes. Es en definitiva una mezcla explosiva de corrupción y narcotráfico, que descubre la naturaleza perversa de sus actores y se lleva por delante la poca institucionalidad que tenemos en el país. Eso contribuye a su incapacidad para llevar a cabo las tareas más sencillas que le corresponde a los tres poderes del Estado.

Ante esta situación calamitosa y un país entero harto de la gestión de JOH, el afán primordial de los que usurpan el poder es sobrevivir, terminar el año y si es posible llegar hasta las próximas elecciones. Por eso conspiran tras bambalinas con quien sea, buscando coincidencias derivadas del cálculo electorero. Han encontrado en un sector del Partido Liberal disposición para ello; los minúsculos partidos de maletín los acompañan y el partido Libre, se apunta en la lista de los que desean emprender el camino que solamente fortalece la pudrición de la institucionalidad del país. De esa manera esperan que en un nudo con la clase política tradicional puedan ablandar a muchos, quitarle fuerza, atrasar y bloquear los tímidos esfuerzos por aclarar los vínculos entre el poder político, la corrupción y el narcotráfico.

Por lo anterior, ya hace varios años que no hay tiempo para resolver los principales problemas económicos y sociales del país. Lo que hemos presenciado son descoordinados y pobres esfuerzos por reaccionar ante hechos consumados. La crisis de los migrantes, de la educación, de la salud pública, de la ENEE, del INFOP, de las sequías en la agricultura, de los bajos precios del café, de las extradiciones por narcotráfico, sorprendió a JOH ocupado en otro asunto. No hay que olvidar que en estos últimos años el gobierno le ha sacado el doble a los ciudadanos pasando la recaudación tributaria de 56 mil millones en el año 2013 a 103 mil millones en el año 2018. Los recursos obtenidos por colocación de títulos y valores, así como préstamos el extranjero han sido igualmente generosos, llegando a niveles insuperables de 46 mil millones y 47 mil millones de lempiras el nuevo endeudamiento precisamente en los años electorales del 2013 y 2017. En definitiva, dinero ha habido, pero la incapacidad y la corrupción son apabullantes.

El narcotráfico contaminó al poder político ya tiempos. Sin embargo, es quizás en los últimos diez años cuando su influencia fue determinante en los resultados electorales y en el ejercicio del poder político. Eso lo conoce cada hondureño y lo permitieron los líderes políticos. Lo anterior tiene un costo incalculable para nuestro país que obliga a enjuiciar a todos aquellos que directa o indirectamente lo han permitido, lo han alentado y han sacado ganancias de la narcopolítica.

delgadoelvir@yahoo.com

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