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La dama de la lámpara

“…Con lealtad me esforzare a ayudar al médico en este trabajo, y me dedicaré a la salud de aquellos que están a mi cuidado…” F. Nightingale

Elsa de Ramírez

De nacionalidad británica y fe anglicana,  Florence Nightingale (Florencia, Italia, 12 de mayo de 1820-Londres, 13 de agosto de 1910) además de ser la pionera de la enfermería profesional, fue escritora y estadística; considerada como la fundadora de los modernos cuerpos de enfermeras y una notable mejora en la organización de los hospitales.

Su trabajo inspiró a Henri Dunant, fundador de la Cruz Roja y autor de las propuestas humanitarias adoptadas por la convención de Ginebra.

Nightingale creía que Dios la había inspirado para ser enfermera y alcanzó fama mundial por sus trabajos precursores de enfermería en asistencia a los heridos durante la guerra de Crimea, lo que constituyó un gran desafío para ella, ya que por aquella época, la mujer estaba destinada a cumplir el rol de esposa y madre.

De manera pues, que con mucho sacrificio y la oposición de su familia, especialmente de su madre y hermana, y motivada por sus deseos de independencia y sus convicciones religiosas, en 1844 toma la decisión de dedicarse a esta noble profesión, lo que le permitiría ser útil a sus semejantes.

Se le conoció como “la dama de la lámpara”, por su costumbre de  realizar rondas nocturnas con una lámpara en la mano, para asistir a sus pacientes. Pero también se le llamó “ángel guardián” según lo expresado en el artículo publicado en The Times el 8 de febrero de 1855 el cual expresaba lo siguiente:”Sin exageración alguna es un «ángel guardián» en estos hospitales, y mientras su frágil figura se desliza silenciosamente por los corredores, la cara del desdichado se suaviza con gratitud a la vista de ella. Cuando todos los oficiales médicos se han retirado ya y el silencio y la oscuridad descienden sobre tantos postrados dolientes, puede observársela sola, con una pequeña lámpara en su mano, efectuando sus solitarias rondas.”

En 1857 se publicó el poema Santa Filomena de Henry Wadsworth Longfellow el cual indicaba: ¡Mirad! en aquella casa de aflicción/veo una dama con una lámpara/Pasa a través de las vacilantes tinieblas/y se desliza de sala en sala.

En 1859 fue elegida como la primera mujer miembro de la Royal Statistical Society y después miembro honorario de la American Statistical Association.

En 1860 Nightingale fundó su escuela de enfermería en el hospital Saint Thomas de Londres, con el objetivo de entrenar enfermeras para trabajar en hospitales y cuidar enfermos a domicilio. A mediados del Siglo XIX, la atención en los hospitales era nula, y las condiciones de hacinamiento y carencia de  salubridad en los mismos era la causa de grandes defunciones. Por eso se consideró meritoria la labor de Florence Nightingale así como el haber fundado y organizado modernos cuerpos de enfermeras. Enfatizaba en que la práctica de la enfermería implicaba “el uso adecuado del aire fresco, la luz, el calor, la limpieza, la tranquilidad, la oportuna selección y administración de dietas. Todo ello con el menor gasto posible de la energía vital del paciente para evitar la enfermedad”.

Asimismo, en 1870, tuvo participación en la creación de la Cruz Roja Británica, siendo miembro del comité de damas e interesándose por las actividades del movimiento hasta su fallecimiento el 13 de agosto de 1910, cuando contaba con 90 años.

En 1883, la reina Victoria le otorgó la Real Cruz Roja y en 1907, recibió la Orden de Mérito del Reino Unido convirtiéndose en la primera mujer en recibir este honroso galardón; en 1908 le otorgaron las llaves de la ciudad de Londres.

A diario observamos a estas mujeres predestinadas, vestidas con su tradicional uniforme blanco, representando la pureza y la elegancia, son las heroínas de nuestro país que portan la licencia para ejercer esta noble profesión, que compagina con la actitud de quienes nacieron con la vocación de servicio y con elevado espíritu de abnegación, compasión, dedicación y sacrificio en aras de la salud de quienes buscan su atención, los pacientes.

A renglón seguido citamos uno de los pensamientos de Florence Nightingale: “La observación indica cómo está el paciente; la reflexión qué hay que hacer; la destreza práctica indica cómo hay que hacerlo. La formación y la experiencia son necesarias para saber cómo observar y qué observar; cómo pensar y qué pensar.”

Hay que reconocerlo paladinamente, existen, felizmente, muchísimas mujeres de blanco armiño a quienes hay que rendirles todo el reconocimiento, admiración y gratitud a que se hacen acreedoras por ese elevado espíritu altruista, humanitario y filantrópico de que hacen gala.

Dios bendiga el nombre de Florence Nightingale, porque en su pecho  germinó la noble idea de asistir a los heridos en las guerras y posteriormente las tragedias causadas por los fenómenos naturales como los terremotos, inundaciones e incendios, que desde siempre han azotado a la humanidad.

 

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