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¿SE RESTABLECERÁ LA CATEDRA DE VALLE?

DOCTOR HORACIO ULISES BARRIOS SOLANO Premio Nacional de Ciencia “JOSÉ CECILIO DEL VALLE”

18 de noviembre de 2018

Este 22 de noviembre de 2018 se cumplen 241 años del nacimiento del “Cicerón Andino” y es insólito que ya por cumplirse 50 años de la creación (22 de noviembre de 1968) de La Cátedra de Valle Honduras no haya honrado la memoria de José Cecilio del Valle por ese medio, a contario sensu, la misma será letra muerta como dejó escrito Matías Funez(+) aunque tengo la certidumbre que el Ejecutivo tomará cartas en el asunto antes de que finalice 2018 y las generaciones futuras crecerán con ese acre sabor sobre el que redactó del Acta de Independencia fue igual al genio tenebroso José Fouché según su biógrafo el austriaco  Stefan Zweig o un radical opuesto a ultranza de la independencia de Centro América y por si fuera poco también Anexionista.

En un ensayo político-histórico de poca difusión del salvadoreño Ramón López Jiménez vierte denuestos en contra de El Sabio endilgándole el ignominioso mote del Fouché de Centro América, que dicho sea de paso, de igual manera lo hace la casa de los Aycinena y el Gobierno de Guatemala; sin embargo, el historiador guatemalteco Pedro Tobar Cruz, en su obra publicada en 1961 por la Editorial del Ministerio de Educación Pública de Guatemala “José de Pineda Ibarra” Valle El Hombre-El Político-El Sabio, el académico Rodolfo Hernández Méndez hace un breve comentario sobre la obra antes apuntada: “Este libro se escribió como consecuencia de la disposición gubernamental de omitir, de la enseñanza oficial, la participación de José del Valle en la independencia nacional:”… se omita a José Cecilio del Valle como prócer de dicha gesta, por estimar […] que era Valle conservador y enemigo de la independencia y que únicamente ha de señalarse su figura como la de un sabio” (Prensa Libre, 11/09/1959).

Por esta razón, y otras de índole académico, el autor decidió escribir esta obra, la cual se puede considerar como una apología de Valle. Para realizar esto se siguió el principio metodológico de perfilar la época de los años 1811 a 1830 y “sentir en toda su amplitud el movimiento de los hombres de pensamiento, y ver, como iban despertando los pueblos ante el resplandor de otras regiones, iluminadas por la lucha emancipadora; y después de ese conocimiento –seguir la trayectoria de Valle– estar con él en los primeros años de su vida pública, cuando ejercitaba su espíritu, siguiendo con talentosa intuición las prédicas de Goicoechea; analizar su comportamiento en los puestos públicos y sus trabajos, tanto sociológicos como económicos; actualizar su posición el 15 de septiembre de 1821 y su postura cuando se planteó la anexión de las provincias centroamericanas al imperio mexicano, y más aún, su hidalga comprensión de los problemas políticos, al discutirse en la corte de Iturbide la situación imperante en los países del istmo”. Para comprender la vida y el pensamiento de Valle, en toda su amplitud, es necesario-dice el autor-que se realice un recorrido por la trayectoria de su vida, para que de esta manera, las facetas de este individuo se vean más firmes en la claridad del campo del conocimiento.

En diciembre de 1794, Valle se graduó como Bachiller en Filosofía, en la Universidad de San Carlos (Tobar, 1961: 19). Posteriormente, en julio de 1799, obtuvo el Bachillerato en Derecho Civil y Canónico (Tobar, 1961: 19) y, en 1803, se graduó como Abogado. Tobar resume así la posición de Valle al graduarse: “Después de su graduación y de los títulos adquiridos, se consagró por completo a una vida de estudio y de observación, veía al individuo como célula del grupo social, buscando en sus más mínimas manifestaciones el alma de sus problemas, con un amplio sentido sociológico buscaba en las comunidades rurales ese agitar económico que consume a los individuos, se indignaba muchas veces de tanta miseria nadando en la riqueza. Comprendía el mal, sabía de sus orígenes, pero no se rebelaba su espíritu, condenando esa situación por el extorsionismo con que la corona española sujetaba a las colonias” (Tobar,1961: 20). A su graduación siguen varios cargos públicos. Su desempeño tan correcto en cargos desagradables, lo llevó a veces a enfrentarse a “la familia”, la casa de los Aycinena. Según Meléndez (1985: 48), las críticas de “la familia” a Valle hicieron que se tuviera una idea equivocada de este último y que se le enfocara de manera deforme.

Continúa Tobar Cruz “No sabemos cuáles sean los requisitos que fija el ministerio (De Guatemala) para otorgar el título de prócer, pero el pensamiento de Valle es prócer y fue rector en la organización de nuestra república, así como clave y antecedente del sistema interamericano. Lo mejor sería que el ministerio dejase a los historiadores discutir estas cosas, sin adelantarse a demeritar figuras admirables; ya que es demasiada la indiferencia por no decir mezquindad con que vivimos regateando los valores, siendo muy parcos para exaltarlos, y la circular del ministerio es en el mejor de los casos inconsulta e inútil” (El Imparcial 11 de septiembre de 1959, año XXXVIII N° 12431).

Sigue manifestando Tobar Cruz: “El 15 de marzo de 1834, trece días después del fallecimiento de del sabio Valle, el gobierno del Estado de Guatemala, da cuenta al presidente de la Dirección de estudios, que no puede erogar ninguna cantidad de dinero para costear la función fúnebre que han organizado los catedráticos y compañeros de Valle en la mencionada academia. El gobierno manifiesta que no puede disponer de fondos para manifestaciones de esa clase, pero que en lo particular, dice el Jefe de Estado, sí puede contribuir si se hace una suscripción. Por el documento anterior, se confirma una vez más el regateo que hacen los gobiernos de nuestras pequeñas repúblicas, cuando se trata de enaltecer una figura que no está en el tablado de los mandones de turno. Eso fue ayer y lo mismo sigue siendo, la eterna historia de todas las épocas”.

Y desde aquel entonces hasta la fecha Centro América en general y Honduras en particular han querido eclipsar su figura; pero el cholutecano, hondureño y centroamericano tuvo y sigue teniendo un perfil continental que brilla con luz propia, no obstante Valle es uno de los representantes más cabales de la generación de americanos de principios del siglo XIX. En 1822 propugna, con una propuesta muy concreta y realista, la Confederación de los Países de América Latina desde El Amigo de la Patria, independientemente de Bolívar, cuyos propósitos al respecto no eran entonces conocidos por él. Esta antología del pensamiento de José Cecilio del Valle recoge lo fundamental de su obra, agrupada temáticamente en 9 capítulos: a) El Estadista, b) El Educador, c) El Jurista, d) El Científico, e) El Americanista, f) El Periodista, g) El Economista, h) El Legislador e i) El Historiador, enumeración que demuestra por sí misma la diversa y pujante inquietud de este destacado americano.

Dentro de esta lucha de poderes y de saberes, José Cecilio del Valle tiene una destacada participación en la esfera pública en un periodo extenso que cubre tres décadas de 1804 en que trabaja como hombre de leyes del Capitán General, a 1834 año en que fallece, pero  en vida ocupó los puestos más altos de su carrera política. Formó parte igualmente de la Junta Provisional Consultiva a partir del 15 de septiembre de 1821 y fue sucesivamente diputado, vicepresidente del Congreso, preso político y Secretario de Exteriores y Asuntos Eclesiásticos  bajo el primer Imperio mexicano; aunque por muy poco tiempo. Valle ocupó, con Manuel José Arce y Tomás O Horán, un puesto en el Supremo Poder Ejecutivo entre febrero de y mayo de gracias al apoyo de O Horán, Valle fue el que tomó las decisiones en dicho organismo, desempeñaría luego un papel importante en las primeras elecciones presidenciales de la República Federal de Centroamérica; él las ganó, pero un fraude técnico el congreso federal eligió en cambio al salvadoreño Manuel José Arce (1786–1846), obviamente, respondió a la injusticia publicando el Manifiesto de José del Valle a la nación guatemalteca (1825); refiriéndose a la elección Alejandro Marure reconoce que Valle tuvo elección popular en cuanto al número de representantes que votaron: de esta operación resultó, que Arce tenía 34 votos y Valle 41; y de consiguiente, que el último tenía elección popular si se hacía la regulación por el número de sufragios que se tenían presentes. Entonces se suscitaron dudas sobre si debía deducirse la mayoría de la base absoluta de 82 votos, o de la parcial de 79 que había tomado en consideración; y como el reglamento de elecciones no prevenía expresamente lo que en tal caso debía hacerse, los partidos resolvieron la cuestión conforme a sus intereses.

Marure por su parte, a pesar de no ser partidario de Valle, le reconoce su originalidad al plantear la intención de unificación continental, sin estar enterado de las intenciones de Bolívar y mucho antes de que el tema fuera tratado de Lima, cita: El proyecto de una Confederación Continental, ciertamente, no es originario de Guatemala, como lo pretendieron algunos de sus periodistas. En 1810, luego de la invasión francesa a España, empieza a haber movimientos autonomistas en América (por ejemplo, en México). En 1811, hay una insurrección en El Salvador y, más tarde, en Nicaragua, sofocadas por el Capitán General José Bustamante y Guerra. Después sigue la conspiración de las juntas de Belén, en Guatemala, en 1813. En 1814, Fernando VII restaura el absolutismo, y Bustamante gana más poder. En ese mismo año muere Liendo y Goicoechea. Los movimientos por independizarse de la Corona Española marcan negativamente la vida del Sabio Valle por la respuesta negativa a escribir la Memoria sobre la causa de esos movimientos en América a la solicitud del Monarca Fernando VII razón por la cual vale la pena preguntarse ¿por qué Ramón López Jiménez sólo se ensañó con nuestro prócer con el mote ignominioso de Valle el Fouché de Centro América? ¿Puso el maniqueo de por medio?, es obvio, en vista de que esa misma solicitud el monarca español se la encargó también a Ramón Cassaus y Torres; y Rafael Trulle, sin embargo, el pecado de Valle, si cabe el vocablo, lo recoge la historia por medio del norteamericano Louis Bumgartner al publicar una correspondencia de 1815, en la que Valle se niega a escribir una Memoria sobre “las causas, agentes, medios y fines de estas provincias presentándose la verdad pura porque ella sola puede designar los caracteres ciertos del Mal” y afirma, terriblemente, que “en Memorial de 3 de noviembre del año último supliqué al Rey, nuestro Señor, se sirviese darme en España la colocación que fuese de su Real agrado para vivir en países más análogos a mi carácter y menos expuesto a compromisos. Si S.M. se digna oír mis súplicas, desde luego presentaré la Memoria que comenzaré a escribir reservadamente para comprobar mis deseos sinceros de servir en asunto de tanta importancia. Pero si no merezco ser trasladado a la Península, la penetración de V.E. conocerá los riesgos de un negocio no solamente delicado sino también muy ramificado en estas provincias; y en tal caso me limitaré a exponer verbalmente mis observaciones y pensamientos deseoso de combinar de este modo mi seguridad personal con mi obediencia en todo lo de Real servicio”; pero José Cecilio del Valle, Ramón Cassaus y Torres; y Rafael Trulle se niegan a cumplir una orden de Fernando VII. Documento Inédito”, en Antropología e Historia de Guatemala, XIII (julio de 1961, pp. 51-61). O porque “El arzobispo Casaus, presentado a Valle como modelo de lealtad española, afea la figura de aquel gran centroamericano”.

También en 1810 el señor Ayos y otros ilustres americanos lo presentaron en bosquejo, procurando reunir por medio de una alianza a las colonias españolas del sur que se habían proclamado independientes; sin embargo, no puede disputarse, con justicia, al centroamericano Valle, el honor de haber sido el primero que anunció aquel vasto proyecto en el septentrión, desde 22 de febrero de 1822, sin tener conocimiento alguno de los pasos que con el mismo objeto daba Bolívar en el mediodía, y con anterioridad al tratado que se celebró en Lima el 6 de julio del mismo año. El ilustre don Bernardo Monteagudo hizo justicia a nuestro Valle; llamó idea madre al sueño publicado en el número 24, de El amigo de la patria, Bernardo Monteagudo en una misión de Bolívar, viajó a Guatemala en 1823, en donde conoció los escritos de Valle. En 1825 le escribe a Valle y le dice que estaba interesado en imprimir su artículo sobre la Federación Americana, que el Libertador estaba de acuerdo y creía que Valle era uno de los más fuertes defensores de la libertad en el nuevo continente.

En 1825 Valle publicó el Manifiesto de José del Valle a la Nación Guatemalana, en donde expuso su proyecto de la Federación Americana, que se refiere a las dos Américas: explica que una es la América septentrional, es decir de México a Panamá; y la otra, la América del Sur. Dice Valle “No hablo de toda la América. Hablo de lo que se llama América Española”. García Laguardia opina que algunos autores han pretendido encontrar en las formulaciones de Valle de aquel momento, los antecedentes del panamericanismo que fue un planteamiento posterior y de significado diferente y cita y comenta los planteamientos del Manifiesto: La América es amplia pero forma un solo continente, “los americanos están diseminados por todos los climas, pero deben formar una sola familia. Si la Europa sabe juntarse en congresos cuando la llaman a la unión cuestiones de alta importancia, la América ¿no sabrá unirse en cortes cuando la necesidad de ser, o el interés de existencia más grande la obliga a congregarse?”. Y formula muy concretamente su propuesta: que en Costa Rica o León se forme un “Congreso General más expectable que el de Viena”, al que cada provincia “de una y otra América” envíe representantes con plenos poderes con inventarios regionales para formar el general de toda la América; que unidos se ocupasen de “trazar el plan más útil para que ninguna provincia de América sea presa de invasores externos, ni víctima de divisiones intestinas” y “formar el plan más eficaz para elevar las provincias de América al grado de riqueza y poder a que puedan subir”; que de acuerdo con esto, formasen: “1°. La Federación grande que debe unir a todos los estados de América: 2°. El plan económico que debe enriquecerlos” para lo cual, se deben fijar bases de ayuda mutua en caso de agresión y formar “el tratado general de comercio de todos los Estados de América”. Es obvio que ello se encuentra en la propuesta y además como el autor vincula el derecho, la política y economía poniendo como base de la unidad política, la moderna idea de la unión económica, y es que tenía muy claro que sin desarrollo económico no podría formalizarse la felicidad de América y de las naciones que existen en ella, tal como lo expresa en su Manifiesto.

Pero no todo es mezquindad: “El Doctor Ramón E. Cruz en la Revista extra, Año 1-Octubre de 1965-N° 3, página 13: “…Se ha pretendido, por los adversarios del Sabio José Cecilio Del Valle culpar a éste, en cuanto al carácter no definitivo de la proclamación de la Independencia y se le tacha por considerar que la célebre Acta adolece de obscuridad y ambigüedades que no debe contener un documento que proclama un acto de naturaleza”.

Pérez Cadalso Comenta: “Los criollos fueron los verdaderos autores de la independencia. Criollos eran Bolívar, San Martín, Valle, Iturbide y casi todos los directores de la revolución manumisora. Su sangre hispana era el pasaporte para ilustrarse en universidades tanto europeas como americanas, habiendo ganado la mayor parte de ellos una sólida cultura humanística” (Pérez, 1969: 18-19). Sin embargo, “José Cecilio del Valle no figura entre los patriotas que promovieron movimientos sediciosos, porque él era hombre de estudio y no demagogo, y porque como sujeto de reflexión, conocedor de las leyes que regulara las transformaciones de la sociedad, comprendía que dichos movimientos estaban condenados a abortar por la ausencia de lógica en los planes y la falta de preparación intelectual de sus autores” (Pérez, 1969: 24).

Para concluir el estadounidense Louis E. Bumgartner en su obra José del Valle de América Central dejó escrito lo siguiente: “Es la figura cumbre de la intelectualidad centroamericana. Su enorme capacidad para el estudio, la fuerza de su espíritu y, fundamentalmente, su vocación hacia la investigación, lo toman una figura inevitable en cualquier esfuerzo que se pretenda hacer para construir el futuro de esta región. Así como sin Morazán la historia de Centroamérica no tiene sentido alguno, sin Valle no es posible ordenar el futuro y, mucho menos construir el desarrollo de los cinco países de la antigua Capitanía General de Guatemala.

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