Los datos no son alentadores para la casa común y menos para su gente. Los mensajes que llegan desde organismos internacionales y la academia son aterradores: calentamiento global, desaparición acelerada de los glaciares, aumento de las emisiones de gas, aumento de la temperatura en la tierra, y la poca esperanza que llega huele a comunidades y a pueblos originarios.

En el ambiente nacional hay cinco preocupaciones sobre el agua y la tierra, que al mismo tiempo son desafíos y tareas para el gobierno y para los movimientos sociales.

Primera preocupación. Al menos un tercio del territorio nacional está afectado por proyectos mineros e hidroeléctricos. Según un estudio de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, el Foro Social para Deuda Externa de Honduras y Oxfam, Honduras tiene amenazados el suelo de 156 municipios, por 540 concesiones mineras y 100 municipios tienen sus ríos amenazados por 307 concesiones para generación de energía eléctrica. Al menos 165 proyectos extractivos están amenazando los pueblos originarios.

Segunda preocupación.  Acelerada disminución del bosque y no hay señales de una veda forestal. Se continúa con el negocio de la madera, y muchos siguen operando de manera ilegal. Hoy sufrimos las consecuencias del gorgojo que en el 2015 y 2016 afectó cerca de 500 mil hectáreas de bosques.

Tercera preocupación. Cultivo de palma africana sin control. Tenemos más de 174 mil hectáreas de tierra sin, más las cultivadas de palma cultivos de caña de azúcar, piña, melón y banano, todos son cultivos sin control. Somos el segundo país con mayor producción de aceite de palma en América Latina, solo nos supera Colombia, y apena tenemos el 10 por ciento del territorio de ese país.

Cuarta preocupación. Se están destruyendo los humedales. Ante la falta de leyes o aplicación de las mismas para regular las zonas de construcción, se están secando humedales en todo el país para hacer edificios o zonas residenciales. Un ejemplo son los humedales de El Progreso ubicados a la salida de Tela, se ha rellenado para construir edificios comerciales. Ni el estado, ni la municipalidad, ni la comunidad lo estamos defendiendo.

Quinta preocupación. Los ríos se están secando. La suma de minería, hidroeléctricas monocultivos y deforestación están provocando que los ríos se estén secando de manera alarmante. Lo que pasa con el río Choluteca, es la historia que se repite con los muchos ríos del norte, sur, centro, occidente y oriente del país. El periodo de destrucción es apenas de cuatro décadas. Es urgente que establezcamos los límites jurídicos y políticas públicas para proteger los bienes estratégicos del país, no podemos seguir con esa visión de desarrollo basada en el extractivismo, esa visión nos conduce a la muerte. Como nos diría Berta Cáceres, la madre tierra nos exige actuar, juntémonos gobierno y sociedad y establezcamos esos límites para salvar los bienes naturales y salvar el país.

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