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Indispensables “Memorias” de Froylán Turcios

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Por: SEGISFREDO INFANTE

            Durante varios decenios de mediados del siglo veinte fue ignorado, excluido, silenciado o simplemente rechazado de las antologías del cuento hondureño (y a veces centroamericano) el nombre de Froylán Turcios y su obra. Acto incomprensible e injusto de los paisanos que se dedicaban a estos trajines antológicos. Sobre todo porque Turcios había sido uno de los más importantes promotores, desde sus tiempos de juventud, del quehacer poético y cuentístico de los escritores hondureños y centroamericanos desde la última década del siglo diecinueve hasta la cuarta década del veinte, por medio de una serie de revistas prestigiosas como “El Pensamiento”, “Esfinge” “Hispanoamérica” y “Ariel”.

            Este gran vacío fue detectado por Medardo Mejía al publicar en la vieja Editorial Universitaria de la UNAH, el libro “Froylán Turcios en los campos de la estética y el civismo” (1980), y al haber rescatado de la segunda etapa de la revista “Ariel”, la primera edición de las “Memorias” (1980) de Froylán, en forma de libro que hoy comentamos, que el narrador hondureño había comenzado a escribir en la ciudad de Roma allá por el año de 1934. En la tercera edición, a cargo del poeta y ensayista José Antonio Funes, el amigo reconoce que dichas “Memorias” fueron editadas “por iniciativa del poeta Segisfredo Infante, y gracias al interés de Medardo Mejía de convertir en libro las hermosas páginas en que Turcios da testimonio como uno de los grandes protagonistas de la historia y de la literatura hondureña de finales del siglo XIX hasta las primeras tres décadas del siglo XX.” Habría que añadir el nombre de Manuel Salinas Paguada. Años más tarde nosotros reeditamos los “Cuentos del Amor y de la Muerte” (1991), y desde entonces se ha vuelto imposible ignorar la poderosa presencia de Froylán Turcios como el mejor narrador de Honduras, en materia del cuento más o menos corto, durante las tres primeras décadas del siglo veinte. Y quizás el mejor cuentista de América Central en aquella época.

            Pero el gran reconocimiento que debemos hacer ahora es para el exquisito poeta hondureño el doctor José Antonio Funes, quien ha dedicado parte de su vida académica y personal, como nunca nadie lo había hecho, al estudio de la vida y de la obra de “Lancito”, mediante la publicación del formidable libro biográfico “Froylán Turcios y el Modernismo en Honduras”, publicado en el año 2006, creo que con el auxilio del Banco Central de Honduras y otras instituciones. Luego José Antonio ha seguido publicando, en el curso de estos últimos años, varias obras narrativas de Froylán Turcios, entre ellas la primera y segunda ediciones del libro testimonial que ahora mismo comentamos, con un nuevo título: “Froylán Turcios: Memorias y Diario de Viaje” (Ariel Ediciones, julio de 2019), que ha comenzado a circular a finales de diciembre del año recién pasado.

            Froylán Turcios Canelas, un gran amigo de sus amigos, que publicó la primera edición de “Tierras, Mares y Cielos” de Juan Ramón Molina en 1911, y que dio a conocer los nombres de muchos escritores del trasmundo, era consciente de la ingratitud y de la chabacanería de varios hondureños, a quienes les llamaba “guasones”, razón por la cual se refirió a su amada Honduras, en alguna ocasión, como “un país de bárbaros”. Por eso, en la primera página de sus “Memorias” romanas advierte que desea salvar su nombre “del total olvido”. Sin embargo, tuvieron que transcurrir varias décadas, después de su muerte en 1943, para que su más acariciado deseo se cumpliera, gracias a Medardo Mejía y a José Antonio Funes, predominantemente.

            Según mi juicio personal Froylán Turcios (1874-1943), es una bisagra determinante para enterarse de los acontecimientos intelectuales e históricos más destacables que sucedieron en Honduras entre finales del siglo diecinueve y comienzos del veinte. Él mismo se convirtió, pese a las adversidades económicas finales de su familia, en uno de esos personajes claves, con el apoyo de Policarpo Bonilla, Terencio Sierra, Francisco Bertrand, Vicente Mejía Colindres y, por sobre todas las cosas, con el auxilio del olanchano Manuel Bonilla Chirinos, su gran protector individual desde sus tiempos de pre-adolescencia. De este modo “Lancito” Turcios se levanta como el principal dirigente literario de su propia generación. Los personajes que menciona en sus “Memorias”, y en otros escritos, son históricamente reales (nunca inventados como decían sus difamadores), de tal suerte que he conocido en forma personal a varios de los hijos y nietos de tales personajes, entre los mismos, a mi amiga traductora Daniela García Lezcano, nieta de Esperanza Bonilla, con quien Froylán Turcios tenía el serio proyecto de casarse.

            Con José Antonio Funes habíamos conversado sobre la relevancia, para las nuevas generaciones de hondureños, de reeditar estas “Memorias” de Froylán Turcios, a quien a veces se le pretende encasillar en su faceta patriotera nada más, olvidando sus enormes aportes como cuentista, poeta y promotor cultural, el más importante antes de Rafael Heliodoro Valle. Así que sus “Memorias” han comenzado a circular de nuevo. ¡!Sea!!

Tegucigalpa, MDC, 05 de enero del año 2020. (Publicado en el diario “La Tribuna” de Tegucigalpa, el domingo 12 de enero de 2020, Pág. Siete). (Igualmente se reproduce en los diarios digitales “En Alta Voz” y en “El Articulista”).             

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