Por: SEGISFREDO INFANTE

            Según cada fecha que transcurre, los acontecimientos se amontonan en demasía, al grado que para un ciudadano íngrimo, solitario, resulta harto difícil alzar la mirada sobre el entorno inmediato. No digamos hacia la más distante lejanía. Las informaciones y desinformaciones mixtas son tales, que abruman y pueden afectar la salud física y psíquica de cada persona más o menos interesada en encontrar, con espíritu abierto, algunas pistas correctas en la jungla, respecto de aquello que pudiera estar aconteciendo realmente en el país, en la región y en toda la nave terráquea.

            No se trata de hacer senderismo oxigenante en los bosques señalizados de los grandes parques de conservación hídrica y de otros recursos naturales. Sino de abrirse paso firme en medio de una jungla espesa en donde predomina la mentira y otras especies de alimañas que han conocido los guías más expertos de todos los tiempos, como en el caso del general don Simón González, arraigado en Olancho, quien integraba los grupos expedicionarios entre las márgenes del río Patuca y del río Segovia, cuando formaba parte del estado mayor del general Augusto C. Sandino. Y más tarde, según me han relatado, durante “La guerra de Cruta”, cuando anduvo de guía junto a las Fuerzas Armadas de Honduras, con el objeto de repeler a las tropas invasoras de Somoza. Don Simón González es un personaje histórico ya fallecido, a quien logré contemplar una sola vez dentro de la circunscripción municipal de Catacamas, pero que pasó desapercibido, como inexistente, en su larga y heroica trayectoria por la vida, al lado del legendario general Sandino. (Creo que “Don Simón” también era amigo de Froylán Turcios).

            Sin embargo, a lo que me refiero por ahora es a la jungla de cemento y de circuitos electrónicos, en donde se propala toda clase de informaciones y desinformaciones simultáneas (“macros” y “micros”) que tornan complicada la toma de decisiones de los políticos, los empresarios, la sociedad civil y del simple ciudadano de la calle. Pocas veces se ha impuesto tanta confusión histórica como en nuestro tiempo. Resulta casi imposible escudriñar el trasfondo permanente de las cosas y atalayar por encima de los horizontes regionales, en tanto que los lenguajes corrosivos en triple vía (tal vez por nuestra adolescencia histórica), y las tácticas de cada turno, suelen imponerse por encima de la realidad real. Todo esto es importante porque en las redes sociales pocas veces se proponen soluciones factibles o productivas, respecto de los intereses vitales de las clases medias, y tampoco de los pobres más desprotegidos.

Los auténticos economistas de cualquier signo ideológico, saben medir las circunstancias de un país o de una región, por las condiciones reales de las clases medias, que son las que consumen y determinan la existencia o inexistencia de los mercados locales. Incluso de los mercados internacionales. Cualquier expresión de fuerza que estrangule a su clase media, simplemente mentirá o montará exhibiciones de alarde sobre la bonanza de su pueblo. Los dirigentes “comunistas” chinos, durante la segunda mitad de la década del setenta y comienzos de los años ochentas, fueron los primeros en detectar, diagnosticar y proyectar a cabalidad que, sin un crecimiento económico concreto, y sin la creación de una poderosa clase media, los demás discursos se convertirían, ipso facto, en demagogias ideológicas y en mentiras generadoras de espantosas hambrunas, tal como ya había ocurrido a finales de la década del cincuenta. Por eso la China milenaria posee, en los días que corren, la más numerosa clase media de todo el globo terráqueo. Esto sin desdeñar en lo más mínimo a las clases medias de Estados Unidos, Canadá, Japón, Taiwán, Suiza y la Unión Europea. También habría que añadir a ciertas sociedades del “Cercano Oriente”. El caso de la India es bastante ambiguo, por motivos que identificaremos en otro momento. (Para información de los amables lectores, esto ya lo habíamos esbozado en otro artículo hace unos dos meses aproximados, desde una perspectiva predominantemente económica. El factor político-ideológico lo dejo, por ahora, en manos de los expertos en democracia integral o plena; o como un insumo más para los amigos del “PNUD”.

Todos los países arriba mencionados son más o menos abiertos, y evitan los bloqueos y autobloqueos a todo trance, a pesar de los errores aislacionistas. Aquí es conveniente puntualizar que los “autobloqueos” existen y que son peores que los bloqueos mismos, por generar inflación estratosférica y miseria colectiva intencional. Ningún verdadero patriota anhela el aislamiento y una mayor pobreza extrema para su pueblo.  

Aprendamos a mirar por encima de la espesura, es decir, de la cerrazón en donde se imponen las sombras compactas del atraso. Pues si nuestra mirada se enjaula en los egos individuales y grupales, y se queda en la punta de nuestras narices, el futuro de nuestros pueblos caerá en el peor abismo de la calamidad. Espero estar equivocado.

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