Por Rafael Delgado Elvir
Economista. Catedrático universitario

El juicio de Tony Hernández, contra quien apuntan graves acusaciones de tráfico de cocaína y que también vinculan directamente a JOH y a Pepe Lobo, es un proceso que levanta públicamente la tapa de la apestosa trama entre la cúpula política gobernante, sus negocios y el narcotráfico en Honduras. Para mí, es grave lo que en esa instancia de la justicia norteamericana se está revelando sobre la cúpula gobernante, llevando la crisis política-social del país a niveles más altos que nuevamente hacen contener la respiración. Ante la tranquilidad engañosa en el que se encuentra el país, solamente puede venir una caída estrepitosa de un gobierno que ya no solamente ha demostrado su naturaleza ilegal y corrupta, sino también sus vínculos con el bajo mundo de la droga.

Primero fue el financiamiento de los grandes grupos de poder económico quienes con sus abundantes recursos prácticamente definían el juego político-electoral en el país. En algún momento eso no fue suficiente y se le metió la mano a las instituciones del Estado que fueron asaltadas y despojadas de sus recursos para aportar a las campañas electorales de los que estaban en el poder. Pero eso tampoco ajustó y nuevamente los políticos corruptos cruzaron la línea asociándose al narcotráfico, poderoso señor del dinero que ofreció mucho a cambio que le dejaran trabajar.

La historia de la alianza entre los políticos corruptos y el narcotráfico en Honduras permanecerá por mucho tiempo como materia de estudio. De hecho existen numerosas vías de examinar. Quizás en un inicio fueron los narcotraficantes quienes se acercaron a los políticos corruptos. O tal vez fueron estos últimos, desesperados por dinero y ansias de poder, los que buscaron a los narcos. Es probable también que desde un principio los narcotraficantes infiltraran a su propia gente. También habrá que preguntarse cuándo, cómo el lavado de dinero en el sistema financiero y en los negocios llegó para así extenderse y dominar vastos espacios de la economía hondureña.

Lo que sí sabemos con mucha certeza es que todo esto ha dejado mucho dolor a miles de hogares hondureños y enormes daños a la economía como a las instituciones públicas del país. Miles de muertes desde hace veinte años dejan constancia de los efectos fatales de esto. Regiones completas del país regidas por lo que dicta el capo y sus socios; por las instrucciones que gira a sus aliados en la Policía, el Ejército, la justicia y los partidos políticos.

No me corresponde enjuiciar a Tony Hernández. De eso se ocuparán los tribunales norteamericanos ante la incompetencia y parálisis de nuestro sistema judicial. Sin embargo, independientemente del veredicto del juez, va quedando cada vez más claro lo que ya hace años se ha sabido: estamos ante un círculo gobernante que no ha escatimado esfuerzo por ilegal que sean para sostenerse en el poder. Y ante tantas evidencias en su contra y un repudio generalizado, no les queda más que esconderse detrás de las instituciones que ellos todavía controlan, negar todo, defenderse como sea para posponer un final fatal.

A mi parecer ha llegado la hora de la gran alianza nacional, de los que no están manchados por la corrupción y el narcotráfico para así unirnos detrás de un programa que impulse sin compromisos con el pasado las reformas políticas y sociales que tanto ha exigido el país. No creo en los chafas ni en una salida militar, tampoco en las cúpulas empresariales y su comprometido prestigio. Es necesario la salida de JOH y su grupo por la vía que contempla nuestras leyes; pasando por una reestructuración completa del Poder Ejecutivo y del Poder Judicial, desenmascarando en el Congreso a todos los que han conspirado contra los intereses del país, para dar por terminado esta fase trágica de nuestra historia y dar lugar a un período que devuelva nuevamente las esperanzas de un futuro mejor para todos.

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