Doctor HORACIO ULISES BARRIOS SOLANO, Premio Nacional de Ciencia “JOSÉ CECILIO DEL VALLE”

[1]El juicio político (impeachment) contra el presidente de EE. UU.,  Donald Trump, acabó casi de la misma manera a como comenzó hace dos semanas. Con el grueso del partido republicano defendiéndolo a capa y espada, mientras los demócratas insistían en que cayera su cabeza. En un voto muy en líneas partidistas, una mayoría del Senado de EE. UU. votó este miércoles en contra de los dos artículos de destitución que había aprobado la Cámara de Representantes el año pasado y en los que se acusaba al presidente de abusar de su poder, al pedir a Ucrania investigar a sus rivales políticos y luego obstruir la investigación del Congreso. El presidente de EE. UU. fue declarado no culpable por abuso de poder y obstrucción al Congreso.

Momentos en los que se votaba en el juicio político a Donald Trump en el Senado de Estados Unidos.

En el primer cargo (abuso de poder) el conteo fue 52 en contra y 48 a favor. En el segundo (obstrucción) 53-47.  El resultado, como se esperaba, estuvo muy lejos de los 67 votos (dos tercios del Senado) que eran necesarios para destituir al mandatario. Aun así hubo sorpresas. Mitt Romney, el excandidato presidencial republicano y hoy senador por el estado de Utah, se separó de su partido y votó a favor de la remoción de Trump por el primero de los dos cargos. “Lo que hizo el presidente fue una flagrante violación de nuestros derechos electorales, nuestra seguridad nacional y nuestros valores fundamentales. Corromper una elección para perpetuarse en el poder es quizá la forma más abusiva y destructiva de violar el juramento a la bandera”, dijo Romney ante la plenaria, donde explicó su decisión.

Mitt Romney se convirtió en el único senador que votó a favor de declarar culpable a Trump por el cargo de abuso de poder.

Aunque su voto a favor terminó siendo un asterisco más en el conteo final, sí privó a Trump de una exoneración unánime del partido republicano, como esperaba.  Y generó más de una rabieta. Por ejemplo, la de Donald Trump Junior, el hijo del presidente, que, al enterarse del voto de Romney, pidió que lo expulsaran del partido. Otro dato destacado de la jornada fue el voto a favor de la destitución de tres demócratas considerados moderados y cuyos cargos están en riesgo en las próximas elecciones, pues representan estados donde Trump es fuerte. Dado que se daba por descontado que el presidente sería absuelto, se pensó que quizá podían abandonar al partido y votar en contra de la destitución.

Los demócratas, en general, gravitaron alrededor de los argumentos de Romney: que Trump al solicitar apoyo a otro país para que investigara a los demócratas, y condicionar la asistencia a Ucrania a la apertura de tales pesquisas, cometió un claro abuso de su poder que no dejaba otro remedio que la destitución. Además, insistieron en que su obstrucción al Congreso, cuando se negó a entregar documentos claves y facilitar el testimonio de funcionarios, rompió el delicado equilibrio que debe existir entre las ramas del poder y generó un terrible precedente, pues ahora los presidentes del futuro tendrán luz verde para hacer lo que quieran sin temor a la fiscalización legislativa. Los argumentos de los republicanos para votar en contra de su condena fueron más variados. Un grupo de ellos defendió al presidente a ultranza y tildó todo el proceso como una simple vendetta de un partido demócrata que sigue sin aceptar la derrota del 2016.

Pero a diferencia de la Cámara de Representantes, donde casi el ciento por ciento de los legisladores se pararon firmes en torno a Trump, un grupo de senadores consideró que si bien la conducta del presidente no daba como para aplicarle la pena máxima de la destitución, sí había sido “inapropiada” o “dolosa”.  Entre ellos, Rob Portman, Lamar Alexander, Romney, Marco Rubio, Lisa Murkowski, Susan Collins, Shelly Moore, y otros.  Alexander, por ejemplo, dejó claro que, aun sin escuchar nuevos testigos y pruebas en el juicio, tenía claro que Trump sí había hecho lo que se le acusó de hacer. Otros optaron por decir que la decisión final debía delegarse a los electores primarios, que en noviembre irán a las urnas y decidirán si castigan al presidente o le otorgan cuatro años más. Y, según algunos, el hecho de haber tenido que soportar un proceso de destitución en su contra ya era en sí mismo una lección para el presidente que debía prevenir actos semejantes en el futuro. “Creo que aprendió que tiene que ser más cuidadoso, más sensato, a la hora de decir y hacer las cosas”, sostuvo la senadora Moore.  Pero Trump insistió este miércoles en que su conducta había sido “perfecta” y la exoneración del Senado “total”. Además, evitó preguntas sobre las críticas que le hicieron algunos senadores. En cualquier caso, la decisión del Senado coronó lo que probablemente es una de las mejores semanas para el mandatario desde que llegó a la Casa Blanca. Arrancó el lunes con el descalabro de los demócratas en los caucus de Iowa, donde tuvieron que postergar la entrega de resultados tras fallas tecnológicas que los dejaron en ridículo. Y prosiguió el martes con una grandioso discurso sobre el estado de la Unión en el que Trump, ya con la absolución en el bolsillo, se jactó de los logros económicos del país en estos tres años mientras los demócratas se enfocaban en destituirlo. La cereza del pastel fue una encuesta de Gallup en la que el 49 por ciento de los estadounidenses dicen respaldar su gestión. Se trata de la nota más alta que ha sacado en su presidencia y justo cuando estaba siendo juzgado en el Senado. 

Se crece la polarización: Los demócratas, que apenas hace un año en esta misma época se regodeaban por haber recuperado el control de la Cámara de Representantes y enfilaban sus baterías contra Trump, terminaron a la defensiva, dando explicaciones por el caótico inicio del proceso electoral y sin el despegue aún de un candidato que pueda desafiar al presidente en noviembre. Aunque que muchos esperaban que el final del juicio contra Trump abriera una pequeña rendija para el regreso del bipartidismo, los eventos de la semana dejaron claro que lo que se viene es aún más tóxico.  Una enorme grieta que quedó en evidencia el martes en el discurso sobre el estado de la Unión. Trump, desafiante, le dejó la mano estirada a la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, cuando esta intentó saludarlo. Pelosi, probablemente en retribución, rompió frente a las cámaras la copia del discurso que Trump le entregó. Y este miércoles, Pelosi afirmó que “el presidente sigue siendo una constante amenaza para la democracia estadounidense, con su insistencia en que está por encima de la ley y que puede corromper las elecciones si lo desea”.

Momento en el que el presidente Donald Trump no le dio la mano a la presidenta de la Cámara de Representantes de EE. UU., Nancy Pelosi.

Trump había sido acusado de abuso de poder y obstrucción a la justicia.

En la Cámara de Representantes, por ejemplo, ya indicaron que pedirán el testimonio del ex asesor de Seguridad Nacional, John Bolton. En un libro que está por salir, este dice que Trump le dijo que pensaba bloquear la ayuda militar para Ucrania hasta que este país no se comprometiera a investigar al ex vicepresidente Joe Biden y su hijo Hunter. Y en el Senado, donde mandan los republicanos, se está preparando una investigación contra Biden y su familia, justo cuando este se disputa la nominación de los demócratas. Una saga que, al parecer, continuará. Pero ya no sobre el mantel de la destitución, sino con miras a las elecciones de noviembre”.

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